FEMINISMO INTERDEPENDIENTE

Hace muchos años que estoy atento a los saberes y a las prácticas sociales del movimiento feminista. Me han enseñado mucho y he aprendido a modular y transformar mi propia condición y, como diría Rita Segato, el mandato de masculinidad. Este 8 de marzo, las movilizaciones han demostrado un año más que su potencia social es primordial para señalar la importancia de las políticas contra la violencia machista; la reivindicación de los derechos reproductivos y la autonomía personal; la exigencia de la igualdad material y el reconocimiento de los cuidados, además de otras reclamaciones históricas fundamentales del feminismo. En esta ocasión también se han escuchado en las calles numerosas consignas contra la guerra y contra el auge del autoritarismo en todas sus variantes.

No hay duda de que estamos viviendo un tiempo de involución política. Apoyadas lamentablemente por muchos jóvenes, sobre todo hombres, las opciones políticas más reaccionarias, machistas y racistas crecen en expectativas electorales y comienzan a tener poder suficiente para modificar legislaciones e imponer su agenda política retrógrada. Al mismo tiempo que las políticas del odio se extienden por todo el mundo, no es ninguna casualidad que también se expanda la desafección y el resentimiento contra el feminismo. No en vano, a lo largo de su historia, las luchas feministas han abierto puertas por donde se han ido ampliando numerosos derechos que ahora se pretenden cancelar, en nombre de un nuevo y violento orden moral antidemocrático.   

Tanto en Las guerras de género. La política sexual de las derechas radicales (Katakrak, 2025) como en Ínceles, gymbros, criptobros y otras especies antifeministas (Ctxt, 2026) recientes publicaciones de Nuria Alabao, esta periodista y antropóloga sugiere que el género es un campo de batalla clave de esas nuevas derechas -siempre viejas- porque no soportan todo lo que representa el feminismo y su proyecto histórico de los vínculos, el cuidado mutuo y la cooperación interdependiente. Por eso, para impedir el avance de ese aspiración de un mundo común, utilizando estrategias emocionales del miedo, entre otras medidas antidemocráticas, pretenden eliminar el derecho a la educación sexual o prohibir contenidos sobre género en las escuelas porque pone la “infancia en peligro”; restringir derechos LGTBI+ y demonizar a las personas trans porque son una amenaza contra la “naturaleza biológica”; proponen suprimir la ley de violencia de género arguyendo que no existe de manera específica; o se oponen a los derechos reproductivos y al derecho al aborto porque van contra la “familia natural”. Del mismo modo, impugnan muchas políticas de igualdad en al ámbito laboral y de la conciliación familiar igualitaria, eliminan ayudas a organizaciones feministas o aplican medidas contra la libertad de expresión en el plano simbólico, mediante la censura artística, cancelación de programas culturales, retirada de banderas etc. En definitiva, guerras contra el feminismo que, en el fondo, implican la lucha por el poder y la autoridad moral y el control social más conservador.

Pero, más allá de la superioridad intelectual de estos argumentos, Alabao insiste y subraya que también es urgente que el feminismo deje de situarse en un registro exclusivamente culpabilizador y sea capaz de plantear a esos jóvenes hombres airados un horizonte emancipador que los incluya como sujetos de transformación y no tan solo como adversarios. Según ella, se trataría de resituar el conflicto e intentar hacer ver que el enemigo no es el feminismo, ni las personas migrantes pobres o los musulmanes sino los sistemas y las subjetividades que producen la desigualdad, las jerarquías sociales, la concentración de la riqueza, la explotación de las fuerzas de trabajo, la mercantilización de la vida, el racismo estructural o las políticas belicistas que no en vano tienen en la violencia y la muerte indiscriminada su fin último. 

En este mismo sentido, en Manifiesto de un feminismo para el 99% (Herder, 2019) Cincia Arruza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser, ya indicaron que el feminismo no debería quedar reducido a una política moral o identitaria, sino conectar con las condiciones materiales de la mayoría social, incluidos los hombres precarizados en lucha común contra las estructuras económicas que producen desigualdad. En aquel manifiesto se proponía un feminismo que no enfrentase a hombres, mujeres o personas transgénero; al contrario, se defiende una emancipación de género que conecte con reivindicaciones materiales comunes: condiciones laborales dignas para todas; redistribución equitativa del tiempo de trabajo y de los cuidados; derecho a la vivienda, a la seguridad social y otras prestaciones; acceso igualitario a recursos educativos y culturales que contribuyan a producir narrativas alternativas al binarismo masculinidad versus feminidad y permitan caminar juntas hacia una responsabilidad compartida en la transformación social.

También, hace veinticinco años bell hooks decía en su libro del mismo título: “El feminismo es para todo el mundo” (Traficantes de sueños, 2017) porque tiene el potencial de cambiar no solo la vida de las mujeres, sino la de toda persona que busque claves para transformarla: Sin los hombres como aliados en la lucha el movimiento feminista no avanzará. En estos momentos tenemos mucho trabajo por hacer para contrarrestar la idea profundamente interiorizada en la psique cultural de que el feminismo es antihombres. El feminismo es antisexismo –subraya hooks-. Un hombre que ha renunciado al privilegio masculino y que ha adoptado la política feminista es un valioso compañero de lucha; no supone, de ninguna manera, una amenaza para el feminismo; mientras que una mujer infiltrada en el movimiento feminista que se sigue rigiendo por el pensamiento y el comportamiento sexista sí supone una peligrosa amenaza”. Y concluye en el párrafo final de su libro: “Debemos tener valentía para aprender del pasado y trabajar por un futuro en el que los principios feministas puedan regir en todos los ámbitos públicos y privados de nuestras vidas. La política feminista pretende acabar con la dominación para que podamos ser libres para ser quienes somos, para vivir vidas en las que abracemos la justicia, en las que podamos vivir en paz.”

Deja un comentario