LAS VIDAS NEGRAS IMPORTAN

Esta tarde, bajo el llamamiento Las vidas negras importan – que remite al lema BlackLivesMatter – se vuelven a convocar manifestaciones en homenaje a las personas que fallecieron el pasado día 24 de junio, cuando trataban de saltar las vallas de la frontera de Melilla. También para protestar contra el racismo institucional y la Ley de Extranjería, y exigir derechos humanos para tods por igual.

No dejo de pensar en las imágenes de terror y muerte que, una vez más, se produjeron hace una semana. Tampoco cesan de golpearme las palabras del Presidente del Gobierno de España, cuando dijo que el grave incidente estuvo “bien resuelto”, a la vez que, culpando a las “mafias” fronterizas, justificaba la actuación de la policía (ya es un clásico escuchar que, aunque haya evidencias de brutalidad en la utilización de la violencia, las fuerzas de seguridad siempre tienen razón y además, mientras seguimos sin saber nada de los fallecidos, por un retorcimiento de los hechos suelen ser las víctimas que más padecen).

Entre lo mucho que se ha hablado y escrito estos días, me llamó la atención el comentario de un buen amigo que vino a decirme que mientras viviéramos en la comodidad de un estado cuyas fronteras están protegidas por soldados y policías, con toda su sofisticada maquinara de guerra defensiva, tan sólo nos quedaba asumir esa condición privilegiada y estar calladitos o tragarnos nuestras penas hipócritas (seguramente, le dije, ese es el objetivo supremo de las políticas policiales: eliminar la crítica social y que nos quedemos en casa. Lo hemos vuelto a comprobar recientemente cuando la Brigada Antiterrorista detuvo a una decena de ecologistas que fueron puestos en libertad, pero con cargos, por teñir de rojo las puertas del Congreso para protestar contra la inacción climática del actual Gobierno).

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EL PRADO INADVERTIDO DE ESTRELLA DE DIEGO

He leído El Prado inadvertido (Anagrama, 2022), el último libro de Estrella de Diego, desde el reconocimiento que me merece su trayectoria profesional y por el merecido respeto a sus pioneras investigaciones en España sobre las relaciones entre historia del arte y género. También escribo esta reseña desde el afecto personal. La conocí en Arteleku en 1994, cuando nuestro común amigo Francisco Jarauta la invitó al III Seminario Internacional de tendencias. Nuevas fronteras, nuevos territorios precisamente junto a Mar Villaespesa y Catherine David, otras dos figuras destacadas del arte contemporáneo y adelantadas de la crítica institucional. Aquellas jornadas de estudio se completaron con la asistencia de Remo Guidieri, Gianni Vattimo,  Jean Huber Martin, Agnes Magnin o Remo Bodei. 

Cuando De Diego estuvo en Arteleku ya  había publicado El andrógino sexuado. Eternos ideales, nuevas estrategias de género (Machado Libros 1992). También conocíamos La mujer y la pintura en la España del siglo XIX (Cátedra, 1987), en cuyas páginas desplegó gran parte de la tesis con la que se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid y donde, como Catedrática de Arte Contemporáneo, sigue impartiendo clases. Después, a lo largo de estos años, además de coincidir los últimos con ella en el Patronato de la Academia de España en Roma, he asistido a algunas de las exposiciones que ha comisariado, como las de Sophie Taueber-Arp en el Museo Picasso de Mága o Liliana Porter en Artium de Vitoria/Gasteiz, leído algunas de sus textos para otro catálogos, además de los artículos que periódicamente publica en El País.

Puede decirse que El Prado inadvertido continua la misma genealogía de sus anteriores investigaciones. Gran parte del libro son reflexiones sobre las transformaciones que, a partir de las relecturas de la historia del feminismo, los estudios de género, la teoría queer o la decolonial, los museos deberían atreverse a proponer en los modos de presentar y mirar las obras de arte.

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HABLANDO CON UN JOVEN QUE EN LAS ELECCIONES ANDALUZAS VOTARÁ A VOX.

Viví casi nueve años en Sevilla y, por diversas razones, Andalucía forma parte de mi. Allí tengo muchos amigas, amigos y familiares. Sigo yendo muy a menudo. Cada vez que hay elecciones me preocupo tanto como si fuera un andaluz más. Aunque a estas alturas de la campaña electoral ya está casi todo dicho y todo el mundo sabe a que atenerse, no me voy a privar de pensar en voz alta sobre la reaparición de la extrema derecha en Europa y, más en concreto, en España. Es casi seguro que, lamentablemente, los próximos días también en Andalucía nos demos cuenta de su ascenso electoral.

Se que no está de moda la narrativa política explicativa- me dicen que hace falta más proposiciones y menos interpretaciones- pero me he atrevido a escribir estas notas tras mantener una conversación con un joven andaluz allegado, algo desmemoriado, que hace unos días no tuvo ningún reparo en confirmarme que el domingo, sin duda, iba a votar a VOX. Me lo dijo harto de la situación precaria en la que vive y además con sus padres; de trabajar hasta reventar por un “sueldo de mierda” que, si no es compartiéndola, no le permite alquilarse una casa, y mucho menos comprarla; cansado de la retórica vacua del parlamentarismo y de ver cómo los políticos se aferran a sus cargos públicos sin la más mínima autocrítica; cabreado con los independentistas catalanes y vascos, que siempre han sido unos aprovechados, como los emigrantes  -los metió en el mismo paquete- o de los pijos intelectuales de izquierdas –deduzco que ahí me incluía – de las feministas que cuestionan su hombría –aunque esto no lo dijo, no había más que ver su expresión para darse cuenta que lo pensaba- o mosqueado del poder rosa de los lobbies gays. En fin, se expresó rabioso porque ve muy oscuro su futuro, y en respuesta a la inoperancia política, por lo menos, se va a desahogar dándole el voto a VOX que, afirmó tranquilamente, le echa “huevos” y además defiende sin tapujos a los españoles.

Intenté convencerle de que, según mi parecer, esa no era la vía para canalizar su malestar, pero se reafirmaba. Traté de argumentar mis razonamientos. Le dije que me preocupa sobremanera su capacidad de olvido o la inexcusable falta de responsabilidad histórica de las personas que en Europa votan, sin ningún reparo, a fuerzas políticas que, de forma explícita –a veces lo proclaman orgullosos- o implícita, son herederas del nazismo, el fascismo y el franquismo. Le recordé que aquellas ideologías dieron origen a formas de gobierno dictatoriales incluso genocidas – antes de que él me lo echase en cara, le añadí que igualmente se podrían sumar los regímenes comunistas totalitarios y otras formas actuales de países autoritarios- que produjeron auténticos estragos en Europa: desde la criminalización, persecución y eliminación física de judíos, gitanos o todo tipo de disidencia política, hasta la imposición de modelos de vida absolutamente disciplinares (tuve la triste sensación de que esta cuestión de la “mano dura” –decía- no le preocupaba demasiado mientras la economía fuera bien). Traté de refrescarle la memoria y le señalé que aquellos gobiernos también perseguían cualquier alteración del “orden moral” que pudiera perturbar su hegemonía ideológica y su control social. De hecho –le recordé- que en el programa electoral de VOX se proponen medidas para terminar con cualquier ley que permita recuperar la memoria histórica y además pretenden eliminar de los libros de texto escolares las referencia negativas o peyorativas sobre el franquismo.

Me inquieta – continué- que por la rabia política, (un malestar muy justificado), no fuera consciente de que, al contrario de lo que creía, el voto a VOX, en el fondo, permitirá aplicar políticas clasistas, porque – le subrayé- no tienen reparo en proclamarse proteccionistas, e incluso obreristas, a la vez que apoyan la liberación y privatización del sector público o proponen el desmantelamiento de la prestaciones sociales y, por supuesto, aunque se proclaman nacionalistas, no dudan en asumir todo el pragmatismo neoliberal de organismos económicos, entidades bancarias  y conglomerados empresariales internacionales (aproveché para recordarle que, en esa sumisión a las políticas económicas globales más depredadoras, debía incluir el negacionismo sobre el cambio climático que la extrema derecha enarbola sin ningún rubor. Se lo subrayé porque sabía que era una cuestión sensible para él).

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HACER SONAR LA VOZ CON IXIAR ROZAS

En Beltzuria (Enclave de libros, 2017) Ixiar Rozas nos propuso un viaje autobiográfico al encuentro de la voz perdida de Frantzisko Elizalde Zelaieta – alias Xamuio- que en 1921, tras ser testigo mudo de la Guerra de Marruecos, se hizo bertsolari para recuperarla. Ahora, cinco años después, en Sonar la voz. 9 ensayos y 9 partituras (consonni, 2022)nos invita a compartir algunas reflexiones y otras tantos poemas visuales sobre experiencias creativas de algunos cuerpos, voces, gestos y prácticas artísticas sonoras o visuales que la han acompañado a lo largo de estas últimas décadas. El libro reúne textos sobre la voz, la escritura, la danza, la performance y el arte sonoro que, junto a la filosofía, los estudios culturales, feministas, escénicos y visuales, es materia de aprendizaje y trabajo en su vida profesional.

Desde sus inicios, con su primer cuento Bataioa, publicado en 1988, hasta la actualidad, como profesora universitaria, pasando por la dirección del proyecto Periferiak, que junto a Dario Malventti llevó a cabo entre el año 2002 y 2007 en colaboración con Arteleku, o la responsabilidad que tuvo en el proyecto cultural Azala en Lasierra (Álava), dirigido por la coreógrafa Idoia Zabaleta, o en “Borradores de futuro”, el programa que propone la construcción de ficciones especulativas sobre el futuro que está por venir, Rozas se ha hecho acompañar siempre por numerosas voces a las que ahora reconoce y hace resonar.

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El 1 DE MAYO Y EL TRABAJO ABSOLUTO

El filósofo Rudiger Safranski en Tiempo. La dimensión temporal y el arte de vivir (Tusquets, 2017) escribe que quizá por primera vez en la historia hemos llegado a un punto en el que el tiempo y la atención al respectivo tiempo propio han de convertirse en materia fundamental de la política. Tendríamos que desarrollar e implementar –añade- otros tipos de socialización y administración del tiempo, aunque, por desgracia, la clase política todavía, al parecer, no lo ha entendido bien. Aunque el punto de vista del enunciado es muy diferente, en sentido parecido se manifestaba Laura Baena de «Malasmadres» en esta reciente entrevista cuando reclamaba un cambio de modelo completo, no como medidas únicas o aisladas, sino como cambio de modelo social y laboral, y eso no solo se cambia con campañas o con desahogos – dice- sino que hay que pasar a la acción. Las instituciones y las empresas deben entender que tenemos un sistema laboral obsoleto y que hay que cambiarlo por completo. 

Hace unos días, por ejemplo, hemos leído que el Parlamento portugués ha aprobado una propuesta para promover y financiar un proyecto piloto que, incluida una semana laboral de cuatro días o estudiar formas mixtas de teletrabajo, desarrolle nuevos modelos de organización del trabajo con el objetivo de promover una mejor conciliación con la vida  personal y familiar. También en España algunos partidos políticos y organizaciones sindicales están tratando de poner las reformas sobre el trabajo en el centro de la agenda política. Sin embargo, todavía estamos muy lejos de aplicar medidas que impulsen auténticas transformaciones de los hábitos laborales tan arraigados en nuestros modelos de vida fabriles.

Desde hace unos años el artista Juan Luis Moraza, en diferentes formatos y lugares, viene proponiendo una serie de reflexiones visuales relacionadas con la toma de conciencia, a modo de advertencias, sobre las maneras en las que el trabajo constituye nuestras maneras de habitar el mundo. En su publicación Trabajo absoluto presenta imágenes relacionadas con determinadas figuraciones en torno al trabajo y el 1 de Mayo, Día Internacional del trabajo, junto a algunas propuestas sobre la función del artista en la fabricación-creación contemporánea.  

Ya es muy habitual escuchar que en el mundo laboral, en el personal, emocional, incluso en el quehacer del artista – que se presupone una práctica no alienada- se vive sobrecargado de obligaciones laborales. Como es sabido el debate sobre la proximidad del trabajo artístico y el capitalismo ya fue planteado, entre otros, por Luc Boltanski y Eve Chapiello en El nuevo espíritu del capitalismo (Akal, 2002) donde se insistían en las semejanzas de la subjetividad artística y la del capitalismo contemporáneo: la explotación de las potencialidades, las capacidades comunicativas o la flexibilidad laboral y la plena disponibilidad telemática.

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ALIANZAS REBELDES, POR UN FEMINISMO MÁS ALLÁ DE LA IDENTIDAD.

Escribí estas notas, que ahora me publican en CNTX, unas semanas después de haber asistido en Madrid a la gran manifestación convocada por la Comisión del 8M y tras leer Alianzas Rebeldes. Un feminismo más allá de la identidad (Bellaterra, 2021) la recopilación de textos, coordinada por Clara Serra, Cristina Garaizabal y Laura Macaya con ese significativo título.

A principios de los años setenta comencé a leer los primeros textos sobre feminismo, a la vez que descubría otros sobre libertad sexual, diversidad de género, justicia social, lucha de clases, movimientos contra el racismo o el  imperialismo colonial. Mientras leíamos La revolución sexual y La función del orgasmo de Wilhelm Reich o El arte de amar de Erich Fromm, leíamos también el Informe Hite. Estudio de la sexualidad femenina de Shere Hite o Segundo sexo de Simone de Beuavoir, junto a textos de Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Herbert Marcuse, Franz Fanon, la revista Mientras tanto de Giulia Adinolfi y Manuel Sacristán, Ozono, la primera Ajoblanco,  a la vez que leíamos Triunfo o Cuadernos de pedagogía  entre otras, o nos dejábamos atrapar por la poesía desobediente de Hojas de hierba de Walt Whitman, la psicodelia viajera En el camino de Jack Kerouac o el hedonismo vital y rebelde, un tanto nihilista, de Alan Ginsberg o William Burroughs. Aquellas lecturas conformaban un magma ideológico inconcreto donde un día te levantabas eurocomunista y otro anarquista (un amigo me dijo que vivía en un cuerpo socialdemócrata con alma libertaria). Aquellas lecturas vinieron al mismo tiempo que se apagaban los últimos ecos de Mayo del 68, llegaba el fin del franquismo y se iniciaba un periodo convulso de transformación democrática, acompañado por una profunda transición cultural social y cultural (pude acceder directamente a muchas de estas publicaciones gracias a la amistad y a los buenos consejos recibidos de Mikel Corcuera -lamentablemente fallecido estos días- que entonces, junto a Pili Cruz, eran responsables en Donostia/San Sebastián de “Enlace”, la mítica distribuidora de libros que representaba a una parte importante de las editoriales progresistas de España y Latinoamérica).

Las sucesivas huelgas generales que se convocaron en las décadas de 1970 y 1980, las manifestaciones contra el franquismo, por la amnistía de los presos políticos o contra la guerra de Vietnam, habituales en muchas calles de cualquier ciudad, se cruzaban con los ecos lejanos de las revueltas antirracistas en EE.UU, las anticoloniales en África o contra las dictaduras latinoamericanas y los más cercanos de las primeras de los frentes de liberación homosexual o de las históricas jornadas feministas que se sucedieron en Granada, Barcelona, Santiago de Compostela, Madrid, Córdoba, etc.

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