El hambre no es de derechas ni de izquierdas, dice Santiago Alba Rico en las últimas páginas de su reciente libro ¿Podemos seguir siendo de izquierdas? y añade: cuando se pide sólo pan se acaba poniendo el propio destino en manos de un ejército golpista, lo mismo que en las de un Partido Comunista autoritario…la verdadera revolución no llegará – tenía razón Simone Weil- cuando los débiles pidan fuerza. Únicamente llegará cuando los hambrientos pidan e insistan en pedir más democracia (y los saciados pidan sólo pan). Según el autor de Capitalismo y nihilismo por esa misma razón conviene ser de izquierdas hoy, antes de que sea demasiado tarde, sin muchas certezas, junto a la matrona griega y el conductor de autobuses madrileño, anticapitalistas furibundos que, sin embargo, mientras la izquierda siga siendo arrogantemente histórica, seguirán votando y apoyando a las derechas.
En el actual debate sobre una posible convergencia de las fuerzas sociales que reclaman una transformación del sistema, más allá del espacio político tradicional que ocupa la socialdemocracia liberal (y que merecería un análisis concreto) no tengo duda de que, a lo largo de todos estos años, el aparato del PCE, con sus viejas maneras de entender el poder y el papel de la vanguardia, es uno de los principales obstáculos para generar políticamente un espacio social incluyente con capacidad instituyente -se llame como se llame- y que sea capaz de modificar las reglas de juego socioeconómicas, impuestas durante tantos años por las fuerzas políticas y/o económicas del orden constituido. Prácticamente, desde la instauración o imposición de la monarquía parlamentaria, todos los intentos de crear un movimiento social y político amplio y plural han sido, de una u otra forma, fagocitados y cancelados por la burocracia del partido. Seguir leyendo «PODEMOS SER DE IZQUIERDAS»










