EN APOYO A EVA, ESPACIO VECINAL DEL BARRIO DE ARGANZUELA EN MADRID.

La política patrimonial e inmobiliaria de muchos gobiernos municipales, a pesar de las lecciones que nos dio la crisis de principios de siglo y las que nos enseña la actual, continuando con la nefasta estela de la especulación urbanística, sigue estando dominada por la inversión en bienes inmuebles. Es una política económica y urbanística inscrita en la retórica triunfalista del crecimiento que, como muy bien ha señalado David Harvey en numerosas ocasiones, implica obligatoriamente dinámicas de acumulación de capital, basadas en la aceleración de inversiones, en muchos casos, innecesarias y el incremento del consumismo compulsivo. Es decir, producción de riqueza a corto plazo, pero eminentemente insostenible en el futuro, y además profundamente injusta e insolidaria con la población más desfavorecida y, por supuesto, con la situación de crisis ecológica en la que se encuentra inmerso el planeta. 

Las personas que reivindicamos el derecho a la ciudad, tal como la describió el sociólogo y geógrafo Henri Lefebvre en 1967, también reclamamos ser partícipes de las decisiones que se tomen sobre su desarrollo. Madrid crece de forma visible y estentórea con las torres rascacielos del norte (las suelo denominar “Las malignas”). Lo hace en el marco de una operación inmobiliaria desproporcionada –por decir algo-, denominada operación Chamartín, que prima un modelo de ciudad productivista e insolidaria con los barrios mas desfavorecidos. Pero las ciudades, afortunadamente, son mucho más, son un conjunto heterogéneo de formas de habitar o, como lo describe la filósofa de la ciencia Isabelle Stengers, son cuerpos de células complejas y diversas. Por tanto, tenemos el derecho a exigir una economía distributiva que apueste mucho más por el tejido social y mucho menos por las inversiones inmobiliarias; mucho más y mejor por las personas y menos por el cemento. 

Entrada a espacio vecinal EVA (archivo)  EVA

El Ayuntamiento de Madrid también tiene, por tanto, la obligación democrática de respetar y apoyar los espacios sociales como EVA, el espacio vecinal de Arganzuela. La clase política que gobierna Madrid y la proclama como democrática, abierta e internacional tiene la obligación de contemplar todo el espectro amplio de posibilidades de vida institucional. EVA realiza una  gran labor social, contrastada por muchos años de trabajo comunitario, así que su cierre supondría amputar un órgano vivo de la ciudad. Esa ciudad de todas y todos que tantas veces se proclama con la boca pequeña de la retórica política y que, en demasiadas ocasiones, lamentablemente oculta intenciones mucho menos democráticas.  

1 comentario en “EN APOYO A EVA, ESPACIO VECINAL DEL BARRIO DE ARGANZUELA EN MADRID.”

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