LA VIOLACIÓN: ARMA DE PODER

Este verano, con ocasión de las fiestas populares, varios casos de violación de hombres contra mujeres han vuelto a sacar a la calle la preocupación ciudadana por esta lacra social. Como suele ser habitual, los medios de comunicación han recogido los hechos. La mayor parte de la información, para no incurrir en análisis morales y ser respetuosa con la presunción de inocencia, trata de ser profesionalmente “imparcial” y pone el acento, casi siempre, en la mera descripción o en una fría cuantificación estadística, olvidando que detrás se esconde una realidad trágica, profundamente moral, cultural, ideológica y política que afecta de lleno al sentido de nuestras vidas. Las noticias, cada vez con mayor frecuencia, describen y analizan hasta el último detalle los terroríficos ataques sexuales; de estar situados en la periferia del periodismo, las historias sobre violaciones se han ido abriendo paso hacia el centro de numerosos reportajes que inciden de forma morbosa en sus aspectos más sórdidos, pasando por alto casi siempre el análisis crítico y la reflexión política.

los violadores defPara Joanna Bourke, autora de Los violadores. Historia del estupro de 1860 a nuestros días, la estadística sobre las violaciones, además de una estrategia para no asumir hasta el fondo la relevancia cultural del problema, siempre escapa a una enumeración concreta porque, en realidad, son innumerables las que no se denuncian, ni se registran, ni se dan a conocer; a lo que habría que añadir la llamada “victimización secundaria” o las dificultades para definir el abuso sexual y todas sus perversas variaciones imposibles de determinar. Lamentablemente, según ella, desde que el delito de violación forma parte de la jurisprudencia moderna, no hay ningún crimen que sea más difícil de demostrar y no hay ninguna parte agraviada de la que se desconfíe más que de la víctima de una violación.

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ECOSISTEMA O INDUSTRIA CULTURAL

De las industrias culturales a la economía social de la cultura

La cultura y el arte se sustentaron durante siglos merced a los donativos de los reyes, nobles y autoridades eclesiásticas; gracias a la burguesía en los Estados modernos; y a los impuestos de tod+s en el estado del bienestar. Se considera que la educación y la cultura, en su sentido más amplio, favorecen la formación e ilustración de los ciudadan*s, contribuyendo a la cohesión social y a la calidad de la democracia. Así pues, los recursos destinados a su desarrollo son, previa decisión política, una manera de redistribución de las rentas, con arreglo a un sentido compartido de la justicia social. Hasta ahora, estas ideas han formado parte del ideario social del estado del bienestar.

Sin embargo, desde que hace unas décadas toda la producción artística y cultural se ha confundido con las “mercancías” de las denominadas industrias culturales y del ocio, parece ser que el arte y la cultura han dejado de ser bienes de uso para convertirse solo en valores de cambio.  La cultura está ahora atravesada plenamente por los intereses del capital y lo que era un derecho se transforma en un eslabón más de las políticas de crecimiento. Los bienes culturales pasan a formar parte de la cadena competitiva y, de este modo, la  economía del consumo cultural se determina, en gran medida, por las leyes de la oferta y la demanda y sus reglas de juego: invención de mitos artísticos, grandes campañas de publicidad y promoción, marketing y propaganda, complicidad interesada de los medios de comunicación de masas (incluidos los públicos, lamentablemente), producción de grandes eventos y festivales monumentales, etc. En definitiva, una sofisticada gestión de la pulsión del deseo, canalizada a través del impulso del consumo compulsivo.

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Tanto es así que la parte se ha quedado con el todo y el sector industrial (fundamentalmente las grandes coorporaciones del ocio y sus cómplices locales), con el beneplácito de las instituciones públicas, se ha erigido prácticamente en el único interlocutor de todo el complejo ecosistema cultural.

Hace unas semanas, la Unión de Asociaciones Empresariales de la Industria Cultural Española, acompañada por representantes del mundo del cine, de la promoción musical, de técnicos del espectáculo y de productores audiovisuales, convocó una rueda de prensa en Madrid para reclamar otra vez al gobierno una rebaja del IVA cultural, como si este fuera el único asunto que afecta a la depauperada economía de este sistema. Y, paradógicamente, el periódico progresista La marea titulaba su penúltimo dossier «Propuestas para salvar las Artes» con un rotundo epígrafe: La industria cultural busca nuevos escenarios. Parece que no hay arte ni cultura más allá de los productos comerciales.

Una y otra vez se trasmite que la única preocupación del mundo del arte y la cultura es el mantenimiento de su industria, y no la supervivencia de un ecosistema mucho más complejo que, además de mercancías, produce una vasta y profunda red de experiencias artísticas y creativas, conocimientos científicos y humanísticos, recursos simbólicos y un extenso campo sensible para la experimentación, la curiosidad y la imaginación. Además de bienes comunes, relaciones sociales, intercambio de saberes, costumbres populares, pautas de comportamiento y, sobre todo, herramientas de producción conceptual y tecnológicas para su transformación. No podemos olvidar que la cultura, además de ser lo que nos constituye, es un medio para abrir procesos sociales renovadores e instituyentes. Seguir leyendo «ECOSISTEMA O INDUSTRIA CULTURAL»

CONVERSACIONES EN TWITTER 4. CON @RALDARONDO

Ricardo Aldarondo es un excelente periodista de cultura y crítico de cine de El Diario Vasco. También es colaborador del ZINEMALDIA de Donostia (Festival Internacional de Cine de San Sebastián) y de las revistas  Rock De Lux, Fotogramas y Dirigido Por… Además ha publicado varios libros: «Doctor Zhivago» , «La fiera de mi niña» en 1997;  «La condesa descalza» y «Perdición» en el 2000 y  «Robert Wise » en 2005 y «Películas clave del cine de aventuras» en 2008. Escribe habitualmente en su bloghttp://blogs.diariovasco.com/mononcle/

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CONVERSACIONES EN TWITTER 3. CON @ZURIBIA

Conozco a Mario Zubiaga desde finales de los setenta. Fue un alumno aventajado de mis clases de  Historia del Arte y de Historia del Mundo Contemporáneo en la Ikastola Laskorain de Tolosa. Desde entonces hemos coincidido en contadas ocasiones, pero a pesar de la distancia he seguido de cerca su trayectoria como destacado pensador de la izquierda abertzale.

Sabía de su predilección por algunos autores que también forman parte de mi literatura política. Pensadores que, desde la tradición marxista revisada, han repensado conceptos como nación, estado, soberanía, hegemonía: Arendt, Agamben, Zizek, Mouffe, Laclau, Ricoeur, Badiou, Bensaid etc.

Siempre me ha sorprendido que leyendo las mismas obras llegásemos a conclusiones tan diferentes.  Ambos partimos de la misma convicción de que el actual modelo de Estado-nacional no responde a las necesidades que exige una democracia al servicio de l*s ciudadanos. Sin embargo, para Mario el problema se establece en términos de confrontación entre España, Francia y Euskal Herria y  plantea como solución la creación de una nueva entidad política -otro estado más pequeño construido por sustracción- con los territorios vascos que actualmente forman parte del estado español y francés, y que se conocen como Euskal Herria (el pueblo del euskera). De tal manera que , una vez adquirida la plena soberanía territorial  y  hegemonía política  se pudiera ahondar mucho más y mejor en el tejido democrático de esa nueva nación, ya que las actuales estructuras institucionales y jurídicas de esos estados no lo permiten.

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EL MUNDIAL DE L@S IGNORADAS

Estas semanas se dice y escribe mucho sobre las grandezas y miserias del Campeonato Mundial de Fútbol que se está celebrando en Brasil. Por un lado, los elogios a la capacidad organizadora de una país que se está convirtiendo en la gran potencia económica de Sudamérica, capaz de llevar por la senda del progreso social y servir de modelo a las naciones vecinas del continente. Por otro, las críticas a los privilegios legales y fiscales de los que ha gozado la FIFA y la consiguiente corrupción; a la falta de planificación y control público de los gastos; al endeudamiento del Estado y desvío de recursos en detrimento de los servicios sociales; a las constantes violaciones de derechos humanos; a las políticas represivas que han afectado a miles de pobres expropiados, desahuciados, trasladados involuntariamente; o a la correspondiente criminalización de la denuncia social.

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Estos eventos, por su condición espectacular, son el foco de atención de los medios de comunicación de todo el mundo. También, a pesar de la crítica y las contradicciones que generan, se convierten en grandes acontecimientos de exaltación nacional, que convierten a sus deportistas en héroes. Así, los futbolistas llenan miles de portadas de periódicos, de radio y televisión, y las redes sociales explotan con una multiplicación infinita de anécdotas nimias e intrascendentes sobre la vida de estos superhombres efímeros.

Mientras tanto, la vida de los demás mortales sigue: miles de heroínas y campeones silenciosos de la ciencia, la cultura y el arte, la tecnología o la empresa pasan totalmente desapercibidos ante los ojos de millones de niñ*s y jóvenes. No creo que el progreso del mundo y las mejoras en nuestra calidad de vida le deba algo al fútbol de alta competición y sí, sin ninguna duda, todo a esos investigadores, escritoras, artistas o emprendedores silenciosos e ignorados. Como por ejemplo a Violette Leduc, cuya vida podemos intuir estos días en las pantallas de cine gracias a Violette, la última película de Martin Provost que nos cuenta la vida de esta irreverente escritora francesa y su relación con la insigne Simone de Beauvoir y otros personajes del mundo literario de aquellos años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Aunque la película no sea una gran obra, la historia que nos presenta es extraordinaria: un personaje radicalmente consecuente que se adelantó a su tiempo y supo enfrentarse con valentía a las condiciones adversas que aquella sociedad timorata y conservadora le imponía. Seguir leyendo «EL MUNDIAL DE L@S IGNORADAS»