EDUCACIÓN Y SENTIDO COMÚN

Si comprobamos cuáles son las áreas que pretende medir el informe PISA (comprensión matemática, lectora y ciencias naturales) no hay duda de que el verdadero propósito de este informe, elaborado por encargo de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) estriba en inocular, de forma sutil pero esmeradamente eficaz, una determinada concepción neoliberal y productivista de la educación. ¿Dónde quedan el resto de las facetas del desarrollo humano, la capacitación intelectual integral, la empatía emocional, la inserción social, la imaginación, creatividad y capacidad creadora. ¿Dónde el empoderamiento crítico de l*s alumnos, la educación en la igualdad? ¿Dónde la ética, la filosofía o el arte? En definitiva, marginalr cada vez más el papel de la educación como motor de transformación social e individual. Estas y otras reflexiones ampliadas las podéis encontrar en el artículo del profesor e investigador José Segovia Martín, publicado en el periódico Diagonal

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EL MUSEO: TESORO PÚBLICO

El estudio de la transformación de los museos va en paralelo al de las políticas culturales y su importancia creciente viene también determinada por el lugar central que ocupan en el urbanismo moderno y contemporáneo.

Tras la revolución francesa, el nacimiento de esta institución representa uno de los grandes gestos modernos de secularización, porque los objetos históricos, en otro tiempo ligados a la propiedad feudal o eclesiástica, ven transformado su destino y pasan a ser bienes públicos. La res publica irrumpe entonces y el museo es una de las formas monumentales mediante las que el pueblo celebra y representa su poder. Ese nuevo discurso ilustrado sobrevino en un momento en el que la teoría del arte vinculó también, por primera vez, el juicio estético a la vida comunitaria y, a partir de entonces, asignó a las obras de arte una función social. Para muchos ilustrados, además los museos debían ser el complemento necesario para la instrucción y educación ciudadana.

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Estas premisas han sido fundamentales para comprender el papel de esta institución en el progreso social. El museo sería, por tanto, además de un espacio para la memoria, un lugar de puesta en circulación de las obras de arte destinadas a ampliar nuestra sensibilidad, desarrollar el valor estético y ético y, en consecuencia, el debate público. En una entrevista al artista Juan Luis Moraza publicada en el catálogo de su exposición república, Joao Fernandes, actual subdirector artístico del Museo Reina Sofía,  afirma que el museo constituye un sistema de protocolos y convenciones que definen el territorio del patrimonio común en su accesibilidad, conservación, presentación y representación; así como la expresión democrática de las diferencias inherentes a la definición de las condiciones de interpretación de la obra de arte en el museo. Y en esa interpelación el propio artista entrevistado redunda en esa concepción del museo cuando responde que esa institución es una hacienda de experiencias, un tesoro sin propiedad, una reserva de la economía del usuario que refuta la privación y lo privado. Seguir leyendo «EL MUSEO: TESORO PÚBLICO»

ALGUNAS REFLEXIONES AL HILO DE LA DESAPARICIÓN DE ZEMOS98

El festival Zemos98 anuncia que el año que viene no volveremos a disfrutar de sus propuestas. Dentro de unas semanas, si algún dios terrenal no lo remedia, se celebrará su última edición. Desaparece uno de esos muchos pequeños eventos artísticos que pueblan nuestro tejido cultural; pequeño, pero grande en cuanto a la calidad de sus contenidos. Desde sus inicios, este festival ha estado dirigido y producido por la propia Zemos98, otra de esas empresas culturales, con marcado carácter social, que siempre han puesto por delante el interés público de las actividades, antes que su provecho particular; más allá, claro está, de exigir dignidad en el trabajo y justas remuneraciones por su excelente labor profesional. Me consta que la mayoría de los trabajadores del sector son autónomos o dependen de estas pequeñas empresas que, por encima de su condición jurídica, siempre han trabajado con vocación de servicio público.

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El final de este festival es un síntoma más de la situación en la que nos encontramos. Esto es lo que hay. Se cierran empresas, clausuran programas y se precariza el trabajo del artista hasta límites inadmisibles. Poco a poco, nuestro tejido profesional se deshilacha. Mejor dicho, aunque en cierta medida nos afecte a tod*s esa descomposición golpea mucho más a sus eslabones más débiles, como lamentablemente ha sido casi siempre. Seguir leyendo «ALGUNAS REFLEXIONES AL HILO DE LA DESAPARICIÓN DE ZEMOS98»

DEMOCRACIA Y ACCESO A LA CULTURA

La premisa básica de la cultura democrática se funda en la vieja idea ilustrada de proporcionar acceso universal, libre y gratuito o a precios asequibles (sobre todo para los más desfavorecidos) a los saberes y obras generadas a lo largo de la historia por creadores, pensadores, autores, intérpretes, investigadores, etc. Así se recoge en el artículo 27.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en el beneficio que generen”.

Las instituciones públicas clásicas que todos conocemos (escuelas, universidades, centros de investigación, museos, bibliotecas, archivos, teatros, conservatorios de música, centros culturales etc.) surgieron para facilitar ese objetivo: asegurar el pleno desarrollo de esa cultura democrática responsabilizándose de garantizar la producción, distribución, promoción y disfrute de la más amplia variedad posible de manifestaciones culturales.

Sin embargo, como Joost Smiers y Marieke van Schijndel señalan en su libro Imagine… No copyright, desde que los recursos culturales y las obras artísticas se consideran sobre todo mercancía y se miden por su valor de cambio, el copyright (derecho de propiedad intelectual) otorga a las grandes industrias de la cultura un control casi absoluto y abusivo sobre el uso y distribución de una parte cada vez mayor de producciones artísticas; y en consecuencia dominan el mercado de las películas, canciones, novelas, series de televisión, obras de arte, diseño y otras formas de creación. Gozan de un importante poder para decidir lo que vemos, escuchamos, leemos, vestimos, consumimos y, claro está, determinan también lo que no podemos. Cierta tendencia a la uniformización de contenidos se impone cada vez más sobre la diversidad cultural. De esta manera, parafraseando a Hannah Arendt, el derecho a tener derechos quedaría, sometido a la hegemonía del mercado.

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Desde que las personas, más allá de su libre condición de ciudadan*s, son considerados solo como clientes consumidores por la ideología neoliberal, “la audiencia” se torna en objetivo fundamental de los consejos de administración de las grandes multinacionales del espectáculo y el ocio -aquellas que Adorno denominaba industria de la consciencia– que no dudan, con todas sus técnicas de marketing y de psicología social, en «imponer» los gustos colectivos y así limitar la diversidad de producción, distribución y acceso. No es casual que para Gramsci el lenguaje fuera una forma de concebir el mundo. Su apropiación es por ello parte del proceso hegemónico cultural, con el fin de construir una conciencia acrítica en la que prima cada vez más una concepción mercantil de la cultura. Como dice Ignacio Molano en Cuando hablan de cultura. El mito de lo cultural en el nuevo espacio público, dominan la fuente de gran parte de las creaciones de sentido y, en consecuencia, los espacios de intercambio social. Seguir leyendo «DEMOCRACIA Y ACCESO A LA CULTURA»

ENTREVISTA SOBRE LA INVISIBLE DE MÁLAGA

La semana pasada me llamaron del Diario Sur de Málaga para conocer mi opinión sobre la política cultural del Ayuntamiento de Málaga y, más en concreto, sobre la amenaza de cierre de La Invisible, ejemplar Centro Social y Cultural de Gestión Ciudadana que abrió sus puertas en la Calle Mosquera hace más de diez años. Hoy se ha publicado. Os añado el enlace donde apunto algunas preocupaciones generales sobre políticas culturales y otras respuestas más concretas, relacionadas con La Invisible.

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No tengo ninguna duda de que las transformaciones culturales más radicales se producen, en la mayoría de las ocasiones, en los espacios alternativos y de la mano de experiencias antagónicas que ponen en cuestión la cultura del consenso y el arte más complaciente. Precisamente por esa razón, a principios de siglo, algunas instituciones del Estado comenzamos a analizar las prácticas artísticas que se generaron en el contexto de los movimientos sociales antiglobalización. Entendimos que era, precisamente hacia esa crítica emergente donde también había que mirar, más allá de nuestro ensimismamiento autosuficiente. Debíamos localizar y analizar aquellas tensiones para hacerlas reconocibles, de tal manera que pusieran en evidencia nuestros límites y contradicciones e incluso produjeran alteraciones en nuestro modo de funcionamiento, de forma que se pudiera producir una transformación del tejido cultural.

No es casualidad que la mayor parte de los haklab que empezaron a desarrollar herramientas de software libre y a organizar movimientos anti copyright surgieran en casas okupas de última generación, como La Invisible, que además convivían con las experiencias más avanzadas de los movimientos sociales, ecologistas y feministas.

Como consecuencia, surgió también en 2004 Desacuerdos. Sobre arte, políticas y esfera pública en el Estado español como un proyecto de investigación en coproducción entre Arteleku-Diputación Foral de Gipuzkoa, Museu d’Art Contemporani de Barcelona-MACBA y Universidad Internacional de Andalucía-UNIA arteypensamiento y el Centro José Guerrero-Diputación de Granada, a los que hace unos años se ha sumado también el MNCARS (Museo Reina Sofía) que, en la actualidad, colabora con la Fundación de los Comunes, de la que forman parte, la propia La Invisible, Ateneu Candela, los Observatorios Metropolitanos de Barcelona y Madrid, la Universidad Nómada, Traficantes de Sueños y Patio Maravillas, también en Madrid, o Katakrak de Pamplona, entre otras iniciativas sociales. 

Las instituciones que en su momento apoyaron La Invisible entendieron desde el principio la importancia política de apoyar experiencias como La Invisible, en la medida que su existencia significaba una radical apuesta democrática por el derecho a la ciudad. A ese marco de colaboración y mutuo respeto se sumó también el Ayuntamiento de Málaga. Incluso se llegó a redactar un documento para la firma de un convenio, que por razones que desconozco, nunca se llegó a firmar. Ahora parece que han vuelto a saltar las alarmas en la institución municipal y parece que, de nuevo, amenaza con clausurar este espacio social.

Esta entrevista es mi pequeña colaboración para que se pueda restaurar el diálogo y La Invisible pueda tener una larga vida, en beneficio de la pluralidad y  diversidad cultural de Málaga.

EL ESPÍRITU DEL SIGLO XX EN ARTELEKU

Hace cuatro años por estas fechas se inundó Arteleku, el Centro de Arte y Cultura Contemporánea del barrio de Loiola de Donostia/San Sebastián; uno de estos días también se ha celebrado el Día Mundial de la Lucha contra el Sida. Coincidiendo con ambas conmemoraciones, se ha publicado El espíritu del siglo XX de Antonio Gagliano, editado en colaboración con Aimar Arriola, miembro del Equipo Re. Este grupo de investigación lleva a cabo un estudio sobre las prácticas estéticas y experiencias sociales colectivas que surgen, precisamente, alrededor de esa enfermedad causada por la extensión de la infección del VIH.

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El origen del libro se sitúa en el paisaje anegado de aquella vieja fábrica de arte, en la que sobresalía la biblioteca de un artista (Pepe Espaliú 1995-1993), y que fue sometida a una serie de desbordamientos físicos e ideológicos, incluidos el de un río próximo obstinado en inundar la memoria del lugar.

Todos éramos conscientes de que el edificio se encontraba en una zona inundable. Incluso estábamos habituados a las pequeñas crecidas que encharcaban de vez en cuando su parte más baja. Sin embargo, nadie -ni siquiera las peores previsiones técnicas- hubiera imaginado que aquel fatídico domingo de Noviembre del año 2011 las aguas desbordadas del río Urumea alcanzaran, de forma súbita, aquella altura.

Las alarmas esporádicas formaban parte de nuestra vida ordinaria; cuando ocurrían, para subsanar el accidente, siempre estaban allí Luis Carrera, José Ramón Olasagasti (conserjes, encargados de mantenimiento y trabajadores disponibles para todo lo que fuera necesario), Brigi Balbás (encargada de la limpieza y cómplice de otras muchas necesidades) y, casi siempre, algunos voluntarios habitantes del lugar. Ellos se responsabilizaban inmediatamente de subsanar los efectos y restaurar la normalidad (nunca se llegará a reconocer de verdad el trabajo eficaz, ímprobo y generoso de estas tres personas, fundamentales también en la historia de Arteleku). En aquella fatídica ocasión ninguno de los dos primeros pudo estar presente. Seguramente, aquella ausencia –una feliz jubilación y otra muerte lamentable – también hablaba a gritos del final de un modelo de gestión cultural en el que el valor personal de los trabajadores y su generosa dedicación eran motores imprescindibles para que, durante tantos años, aquella fábrica de creación y pensamiento funcionara bien.

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