EL DERECHO A LA CULTURA COMO BIEN COMÚN (2)

En diferentes foros locales promovidos por varios agentes y colectivos independientes, conscientes de la situación crítica del sector, estos días se ha vuelto a hablar del papel de la cultura, de su función social o de la precaria situación de sus trabajadores. En el Gaztetxe Kortxoenea, se debatió, a veces con visiones antagónicas, sobre las paradojas y contradicciones de una ciudad como Donostia/San Sebastián que impulsa, por un lado, la construcción de ciertas grandes infraestructuras, como el tren de alta velocidad y, por otro, una Capital Europea de la Cultura que proclama apoyar una cultura ecológica, social y pedagógica; en Durango, se convocó el foro Guk Geure Kulturaz y en Madrid este fin de semana, promovida por varias asociaciones profesionales, también ha tenido lugar una gran manifestación bajo el lema “Cultura somos todos”. Dentro de unas semanas, el colectivo navarro Kultura Prekaria coordina otras jornadas en el nuevo local de Katrakak, la célebre librería con cafetería y espacio social autogestionado pamplonica, heredero de la pionera Hormiga Atómica.

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ESPACIO PÚBLICO/URBANISMO AUTORITARIO

Ocurrió ayer en Sevilla, pero está pasando en otras ciudades. Muchas veces me siento/sentaba en uno de esos bancos de la plaza del Pelicano a esperar que mi hija salga del taller de cerámica.

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Ayer cuando llegué a la Plaza del Pelicano me encontré con la policía municipal  «protegiendo» el espacio público para que ningún ciudadano se revelara contra la decisión municipal de retirar los bancos de todas y para todos porque algunos vecinos se habían quejado de ciertos personajes de «mal vivir» que los utilizan para hablar, reír, cantar, beber hasta altas horas de la noche o dormir. Los cinco bancos de hierro forjado donde desde hace años vecin*s y visitantes se han sentado han desaparecido de la popular plaza. 

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El objetivo, parece ser, es evitar que las personas nos podamos sentar y ocasionar así molestias por ruido a vecinos. Es lamentable como la «ciudad urbanizada» de la que habla Manuel Delgado en El animal público se convierte en excusa para privatizar el espacio público y expulsar «los desechos humanos» que intentan disfrutar su derecho  a la ciudad .

Los espacios públicos son lugares-movimiento, que deben admitir la diversidad de usos, ser accesibles a tos*s y cualquiera y siempre autoregularse por cooperación y nunca  mediante la disuasión coercitiva. El territorio de esos espacios públicos nunca puede ser del todo de nadie, sino que no hay otro remedio que compartirlo con otros grupos que, a su vez, ocupan el lugar con formas diferentes de actuar a la hora de habitar, trabajar o divertirse.

En fin, la actitud del Ayuntamiento de Sevilla, en este caso, eliminado los bancos públicos es, en cierto sentido, la aplicación de una forma de  fascismo con el objetivo de deshacer las confusiones, exorcizar los desórdenes, realizar el sueño imposible de una gobernabilidad total sobre el urbano.  

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Este proceso ha sido descrito por Michel Foucault como la instauración en la ciudad del estado de peste, siguiendo el modelo de las normativas de las postrimerías del XVIII que se promulgaban para colocar el espacio ciudadano bajo un estado de excepción que permitiera localizar y combatir los «focos de la enfermedad». Un espacio cerrado, recortado, vigilado en el que los menores movimientos se hallan siempre controlados, los acontecimientos registrados, cada individuo debidamente localizado. Programas de requisamiento de la ciudad, que no hacen sino trasladar a la generalidad los principios de reticulación y panoptización que se habían concebido abres para las instituciones totales como las cárceles, los psiquiátricos, los cuarteles, las escuelas, las fábricas o los hospitales. Todo ello para instaurar una sociedad perfecta, que en realidad no es una ciudad, sino según nos recuerda el mismo Manuel Delgado, una contra-ciudad.

CAPITAL CULTURAL Y DEMOCRACIA

Siguiendo sobre esta mini serie relacionada con el concepto de «extranjero» recupero también estas reflexiones que estuvieron en el origen de mi trabajo para la oficina de la Capitalidad de Donostia/San Sebastian. En las numerosas  jornadas de trabajo organizadas, allá por el 2008 y 2009, para recabar información sobre las preocupaciones de los ciudadanos  y que nos permitieran elaborar los contenidos que deberían proponerse en el proyecto para conseguir el título de Capital Europea de la Cultura 2106 se habló mucho sobre ciudadanía, valores humanos y democracia. En cierto modo, concluimos pronto que uno de los hilos del discurso sobre el que debía estructurarse el programa de la futura Capita Europea de la Cultura fue la vigencia de la democracia; no tanto como sistema político que periódicamente permite la elección de unos representantes de l*s ciudadan*s, sino como idea que defiende la participación activa de tod*s en los asuntos importantes de gobierno.

No olvidemos que la primigenia democracia griega no fue más que un sistema de privilegios de ciertas élites masculinas, posible gracias a la esclavitud y a la segregación de las mujeres. Así fue hasta que el proyecto político de la Ilustración, encarnado en los procesos revolucionarios del siglo XVIII y XIX, instauró el “estado de derecho” como fuente de la que beben la gran mayoría de las constituciones denominadas democráticas.

Sin embargo, después de más de doscientos años, una parte muy importante del mundo queda todavía excluida de los beneficios de este sistema. En muchos casos, ha sido la propia democracia occidental y su aliado natural, el capitalismo, quienes les han relegado a la exclusión. Primero el colonialismo y más tarde el globalismo económico -dos de sus formas más brutales- han configurado un mapa internacional donde, como en la democracia griega, millones de ciudadan*s son condenados a la miseria y a la discriminación para que otros disfrutemos de nuestras democracias desarrolladas.

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MITOS NAVIDEÑOS: OLENTZERO, MARI DOMINGI Y EL FEMINISMO

Los mitos y las leyendas cumplen una función muy destacada en la estructura ideológica de una sociedad; son importantes elementos simbólicos que contribuyen a la cohesión social y producen fuertes sentimientos de pertenencia comunitaria; nos moldean como seres sociales y forman parte de un amplio acerbo cultural que contribuye a fortalecer los discursos dominantes y las estructuras de orden.

Sin embargo, por  mucho que esa construcción identitaria sea consustancial a nuestro modo de vida, el reconocimiento que otorga la tradición es siempre una forma parcial de identificación y, por tanto, como todas las normas, sus interpretaciones y adaptaciones a contextos determinados deberían ser también revisados y reinterpretados. Seguir leyendo «MITOS NAVIDEÑOS: OLENTZERO, MARI DOMINGI Y EL FEMINISMO»

RESIDUOS DE ESPALIÚ: acciones y legado en Donostia (1992-1994)

El último texto que publiqué, titulado SIDA. Treinta años después comparte contenidos con la exposición Residuos de Espaliu: acciones y legado en Donostia (1992-1994), comisariada por Aimar Arriola, dentro de su proyecto de investigación  Marginalia.

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Esta exposición busca ensayar las condiciones documentales necesarias para una nueva aproximación al trabajo último del artista cordobés Pepe Espaliú (1955-1993), a partir de materiales relativos al artista provenientes del fondo patrimonial de Arteleku – Diputación Foral de Gipuzkoa. Tomando como horizonte la celebración ahora del vigésimo aniversario del fallecimiento de artista, lo que se pretende aquí no es tanto la reivindicación conmemorativa de su figura como identificar las posibilidades de su re-significación crítica. Seguir leyendo «RESIDUOS DE ESPALIÚ: acciones y legado en Donostia (1992-1994)»

EL SIDA TREINTA AÑOS DESPUES

La existencia del sida se empezó a reconocer públicamente en la década de los años ochenta del siglo pasado. El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida es un conjunto de enfermedades de muy diverso tipo derivadas de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana VIH. Se estima que este año han fallecido por su causa más de un millón y medio de personas en todo el mundo.

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Desde mediados de los años noventa, gracias a los tratamientos con fármacos antirretrovirales, su incidencia en el mundo occidental desarrollado ha ido disminuyendo. En consecuencia se ha producido la sensación de que se está erradicando o que ha sido integrado plenamente en la relación de enfermedades ordinarias que pueden ser tratadas como crónicas. Nada más lejos de la realidad. Tras cuatro décadas de existencia, el sida sigue desempeñando un papel crucial en la redefinición de nuestra geografía moral; en la organización de los mapas poscoloniales de control social y dominio económicos; en las nuevas configuraciones nacionales e internacionales de integración y exclusión; en la bioseguridad de nuestras fronteras personales (discriminación racial o sexual);  en la apropiación privada, por parte de las industrias farmacéuticas, de los saberes científicos y médicos mediante el control de las patentes.

Así pues, la gestión de las políticas del sida por parte del norte no puede ser interpretada fuera de las lógicas económicas y comerciales que engendra el aparato de la hegemonía neoliberal capitalista y sus programas de desarrollo aplicados en los múltiples sures de la tierra, lamentablemente cada vez más extensos y más cercanos. Porque no podemos olvidar que todavía hay 33,4 millones de personas afectadas, de las cuales casi el 70% viven en África subsahariana y, probablemente, muchas de ellas morirán en la próxima década si no tienen garantizado acceso a tratamiento.

Frente a esta situación de emergencia, la crítica política y la acción ciudadana son, no cabe duda, las mejores herramientas para desvelar las contradicciones de esta injusticia universal que nos concierne a todos, aunque creamos lo contrario porque en nuestras calles la preocupación social se haya disipado. Seguir leyendo «EL SIDA TREINTA AÑOS DESPUES»