LA FURIA DE LAS IMÁGENES

Este año se ha celebrado la edición número sesenta y cinco del Zinemaldi (Festival Internacional de Cine de San Sebastián). A pesar de que ha llegado a su año jubilar, parece que su salud no se resiente, al contrario es probable que pueda llegar a centenario, como sus vecinos de Venecia y Cannes que ya se acercan al siglo de existencia.

En la medida que estos grandes eventos son también potentes maquinarias culturales suelen estar financiados con importantes recursos públicos. Aunque con la crisis –eufemismo que se utiliza para camuflar la desintegración del estado del bienestar- han padecido una reducción importante de esas ayudas, los festivales siguen cumpliendo una destacada función social en el marco de las políticas de apoyo público a la cultura, entendida como derecho. Para compensar esos desajustes también han tenido que recurrir al patrimonio privado que, debido a la alta rentabilidad mediática de este tipo de eventos, han acudido en su ayuda sin dilación.

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BELTZURIA DE IXIAR ROZAS

Ixiar Rozas (Lasarte-Oria, 1972) escribe habitualmente en euskera. En su último libro, Beltzuria, editado primero en esa lengua por la editorial navarra Pamiela y ahora en castellano por la madrileña Enclave de Libros, dice que se dedica a buscar el rastro de palabras desaparecidas o a escudriñar aquellas que están a punto de hacerlo con el fin de devolverlas a la vida, utilizándolas de nuevo. En cierto modo –añade- como sucede cuando escribimos y “cazamos” o atrapamos las palabras en el campo de batalla del lenguaje.

Beltzuria es uno de esos vocablos polisémicos que, más allá de su significado literal negriblanco, remite al cielo encapotado con algún resquicio blanco, en el instante previo a la tormenta, o a la pena y la congoja que abate nuestro ánimo. También se refiere a las mujeres que las pasaban negras – canutas- en tiempos de guerra, a la vestimenta que utilizaban en los meses de duelo o a las historias oscuras de ayer y hoy que el recuerdo blanquea para poder seguir viviendo. Una de esas historias es la del personaje central del libro, Frantzisko Elizalde Zelaieta – alias Xamuio- nacido en 1899 en la borda Zamuio de Etxalar (Navarra).

La autora de este polifónico – ella misma nos invita a leer en voz alta algún de sus párrafos-  y polimórfico texto literario -es a la vez novela, biografía, autobiografía, ensayo o poesía – persigue la voz perdida de este personaje. Xamuio tuvo que ir a la guerra de Marruecos en 1921, seguramente, porque no tenía dinero suficiente para pagar a alguien que, como era habitual en otros casos de familias pudientes, ocupara su lugar (las guerras y la lucha de clases siempre han ido de la mano).Tras regresar de la batalla de Annual (aquel conflicto contra los rifeños obligó a redefinir toda la política colonial española) apenas hablaba de aquella experiencia. Se convirtió en un ser silencioso. El drama que vivió en aquel desastre y los recuerdos dolorosos que padeció años después, lo despojaron de un hablar sosegado. Es inevitable mencionar la cita que Rozas hace a Moroak gara behelaino artean? de Joseba Sarrionandia, editado en castellano como ¿Somos como moros en la niebla?, un ensayo sobre las discordancias históricas locales (confrontaciones hispano-marroquís o paralelismos culturales vasco-rifenos) y una reflexión crítica sobre el imperialismo que también nos permite entender mejor algunas genealogías de la escena política internacional actual. Seguir leyendo «BELTZURIA DE IXIAR ROZAS»

100% OION. AFORTUNADA «ANOMALÍA» ARTÍSTICA

Hay ocasiones que sin querer te encuentras con inesperadas sorpresas creativas. Idoia Zabaleta, junto con Ixiar Rozas responsables de Azala ,espacio de creación y residencia de artistas de Lasierra, me envió hace unos días un correo en el que me contaba como se gestó 100% Oion.

En el enlace que me adjuntaba me pude conectar con el resultado: un excepcional, por su “extrañeza”, conjunto de piezas sonoras, poéticas y políticas pensadas por y para el pueblo de Oión (en Álava). Esta pequeña población es un lugar muy peculiar que está a 3 km de Logroño, pero por cuestiones de anacrónicas limitaciones, administrativamente pertenece a Euskadi. Tiene 3.000 habitantes de 23 nacionalidades de origen diferente, 25 % paro y muchísimos problemas de convivencia, derivados casi todos de la falta de trabajo. Dicen que los emigrantes van a quitarles el trabajo, que hay un efecto llamada, dicen que no quieren trabajar, que son machistas y bajan el nivel escolar, que colapsan los hospitales y que vienen a cobrar las ayudas especiales. Como me explica Idoia, este conjunto de piezas sonoras (que enlazan con la tradición, a la vez que con la experimentación sonora, que se enorgullece de las imperfecciones técnicas de las voces aficionadas, a la vez que persigue la calidad profesional, que de manera natural utiliza el castellano y el euskara y que se proclama “popular” sin ninguna vergüenza y sin embargo tiene una admirable «distinción» por su osadía desacomplejada) es resultado de un proyecto en el que ha estado trabajando mucha gente los dos últimos años con el objetivo de mejorar la convivencia, contra los estereotipos y los prejuicios racistas. Un complejo mecanismo creativo para generar procesos de participación inclusiva e intergeneracional, lúdico y humorístico, pero también dramático y realista. En la grabación han participado unas 100 personas del pueblo: la gazte asamblada (asamblea de jóvenes) mujeres árabes con sus niñas, Asima y sus tres hijos, los bertsolaris del pueblo, Eh Mertxe, la banda de rock del pueblo, los auroros y auroras, el coro (un coro de quejas), Manolo, Basilio, el apoyo de la familia de Bidehuts: K. Osinaga, Aida Torres, Mariano Hurtado, personas y más personas, todo con la inestimable colaboración de Maite Arroitajauregi – Mursego- una de esa artistas que se han construido así mismas con las mimbres de potencias poéticas y musicales inclasificables, notable excepción artística en un panorama donde la uniformidad impide distinguir la diferencia, capaz también de coordinar esta “anomalía” artística tan sorprendente.

Como explica José Durán en este texto de El Salto hace un par de años, la asociación de vecinos Bitartean Jolasean propuso una acción para mejorar la convivencia entre las comunidades de Oyón, que enfrentase los rumores y anulase los estereotipos que caen sobre la población foránea, oponiendo una dimensión crítica a los prejuicios racistas y que como añade Idoia Zabaleta, a la vez, ha desplazado las zonas de confort de las personas que han participado. Esa idea fue seleccionada por el programa Nuevos Comanditarios, una plataforma para desarrollar arte desde la sociedad civil promovida por la asociación Artehazia. “Tuvimos una mesa de mediación cada mes en el pueblo y desde allí surgió lo del disco. La idea era hacer algo sobre la convivencia en el pueblo. Y al final decidimos que íbamos a grabar un cd de música”, explica a El Salto Ilham Mounir, marroquí residente en Oyón desde hace cinco años. Ella es una de las mujeres musulmanas que ha intervenido activamente en este proyecto. En fin, un trabajo colaborativo que reclama a voces derechos sociales y culturales: que se firme el convenio del vino por parte de la patronal, una lavandería, una guardería, un hospital, un festival de música, un cine club con películas subtituladas pero con asientos cómodos, una pista de patinaje y una ludoteca, que se regalen pintalabios, plumas, brillantina, sombra de ojos, que se regale de todo… poesia, abeztiak eta euskera gehiago nahi dugu (quieren más poesía, canciones y euskera), quieren más cuidados, más vida y más implicación. Todo un programa de vida en común.

POLÍTICA, BUROCRACIA Y GESTIÓN CULTURAL

En su célebre texto ¿Qué es la burocracia? Max Weber la definía como la organización eficiente por excelencia, llamada a resolver de forma racional los problemas del Estado, la sociedad y las empresas. Para este polifacético pensador alemán, estaba diseñada científicamente para funcionar con exactitud -ni más, ni menos- y lograr los fines para los cuales fue creada en beneficio del capitalismo moderno y en el avance de la democracia de masas. La burocracia en su justa y equilibrada medida sería el mejor sistema de garantías ciudadanas que nos permitiría depositar nuestra confianza en el estado democrático para que gestione nuestro patrimonio y los recursos públicos. En esta dirección se pueden entender también los recientes alegatos en defensa de una burocracia socialista que, de forma reiterada, viene proponiendo el polémico filósofo esloveno Slavoj Zizek, para hacer llegar la sanidad o la educación (cultura) a todos aquellos que en este último ciclo de acumulación capitalista han visto recortados sus derechos.

Fue a partir de la célebre novela El castillo de Franz Kafka cuando, tal vez, se popularizó la connotación negativa y mucho más extendida que tiene hoy en día este vocablo. A través de las páginas de su novela póstuma podemos comprender la lucha y la consiguiente alienación y frustración, aparentemente interminable, de su personaje K, desesperado por ser admitido por las autoridades del castillo que gobiernan el pueblo.

Entre el exceso paternalista y la carencia irresponsable, la burocracia y la administración del Estado -en sus diferentes niveles- se han ejercido con objetivos e intereses contrapuestos y en demasiadas ocasiones han olvidado la función principal por las que fueron creadas: servir a lxs ciudadanos para garantizar sus derechos, contribuir a que, facilitándoles los trámites, cumplan debidamente sus obligaciones y permitir el acceso democrático a todos los servicios públicos. Seguir leyendo «POLÍTICA, BUROCRACIA Y GESTIÓN CULTURAL»

ESTO ES LO VERDADERO, PERO «YO NO ESTUVE ALLÍ»

Hace unos meses, Rafael Sánchez-Mateos Paniagua y Fernando Baena me invitaron a participar en un proyecto editorial colectivo, en el que 49 personas de su entorno hemos escrito un breve texto sobre cada uno de los cuarenta y nueve fragmentos pintados que componen su obra «Esto es lo verdadero», realizada a cuatro manos y expuesta durante los últimos meses en el local de la Asociación CRUCE de Madrid.  Las obras son fracciones de un montaje fotográfico de la acampada de la Puerta del Sol de Madrid en mayo del 2011, realizado por Fernando Maselli.

Esta es mi contribución y abajo el fragmento que corresponde a la página de mi texto con la portada de la publicación.

YO NO ESTUVE ALLÍ

Yo no estuve allí, pero también formo parte de la historia del 15M porque también fui interpelado por aquellos cuerpos insurgentes y enaltecidos. Los hechos desbordaron nuestras realidades personales y, de alguna manera, nos afectaron políticamente a todos. Los levantamientos populares de la Puerta del Sol madrileña y los ocurridos en las plazas de otras ciudades me/nos atravesaron la vida para siempre. Aquel “nosotros” incluyente, sobrepasaba los “yo” particulares. Las voces reclamantes, sus movimientos espontáneos, sus gestos imaginativos, su lenguaje inteligente, sus formas de actuar imprevisibles nos representaban a todas. Durante esos días se produjo, como dijo Jacques Ranciere, un acontecimiento de lo sensible, poco importaba que fuera “artístico” o no. Seguir leyendo «ESTO ES LO VERDADERO, PERO «YO NO ESTUVE ALLÍ»»

LA CULTURA Y EL ARTE ENTRE BIENES COMUNES, PÚBLICOS Y PRIVADOS.

Según leemos en Los bienes comunes del conocimiento, recopilación de texto, publicada por Traficantes de Sueños, coordinada por Charlotte Hess y Elinor Ostrom– premio Nobel de Economía en 2009 por su análisis de la gobernanza económica de los bienes comunes- estos pueden ser pequeños y prestar servicio a un grupo determinado (la nevera familiar, una colección de discos o fotos), tener una escala comunitaria (aceras, campos de juego, bibliotecas, etc.) o alcanzar una dimensión internacional y global (los mares, el conocimiento científico); pueden estar bien delimitados (los parque, los museos), ser transfronterizos (el rio Danubio, la migración de los animales o Internet) o no tener límites muy claros (los saberes populares, el conocimiento, la capa de ozono).

Aunque los bienes públicos y los comunes no pertenezcan a la misma familia –de hecho pueden ser contrapuestos- se podría aventurar que, por pertenecer al ámbito del dominio público, una parte importante de los saberes culturales pueden considerarse bienes comunes y, en cierto modo, aunque en un sentido estricto no lo sean, también otros podrían serlo ya que, por estar gestionados por instituciones públicas o comunitarias, deberían ser accesibles (no siempre lo son). Según la doctrina del fideicomiso público determinados recursos son públicos por naturaleza y no pueden ser propiedad de individuos privados ni del Estado, que en todo caso es “administrador” de los intereses populares. Por tanto, no siendo dueño de esos bienes, tampoco puede venderlos, ni regalarlos a intereses privados. Aunque adquirir y descubrir conocimiento es tanto un proceso social como un proceso profundamente personal, cuanto más gente comparta conocimiento útil, mayor es el bien común. Seguir leyendo «LA CULTURA Y EL ARTE ENTRE BIENES COMUNES, PÚBLICOS Y PRIVADOS.»