En su célebre texto ¿Qué es la burocracia? Max Weber la definía como la organización eficiente por excelencia, llamada a resolver de forma racional los problemas del Estado, la sociedad y las empresas. Para este polifacético pensador alemán, estaba diseñada científicamente para funcionar con exactitud -ni más, ni menos- y lograr los fines para los cuales fue creada en beneficio del capitalismo moderno y en el avance de la democracia de masas. La burocracia en su justa y equilibrada medida sería el mejor sistema de garantías ciudadanas que nos permitiría depositar nuestra confianza en el estado democrático para que gestione nuestro patrimonio y los recursos públicos. En esta dirección se pueden entender también los recientes alegatos en defensa de una burocracia socialista que, de forma reiterada, viene proponiendo el polémico filósofo esloveno Slavoj Zizek, para hacer llegar la sanidad o la educación (cultura) a todos aquellos que en este último ciclo de acumulación capitalista han visto recortados sus derechos.
Fue a partir de la célebre novela El castillo de Franz Kafka cuando, tal vez, se popularizó la connotación negativa y mucho más extendida que tiene hoy en día este vocablo. A través de las páginas de su novela póstuma podemos comprender la lucha y la consiguiente alienación y frustración, aparentemente interminable, de su personaje K, desesperado por ser admitido por las autoridades del castillo que gobiernan el pueblo.

Entre el exceso paternalista y la carencia irresponsable, la burocracia y la administración del Estado -en sus diferentes niveles- se han ejercido con objetivos e intereses contrapuestos y en demasiadas ocasiones han olvidado la función principal por las que fueron creadas: servir a lxs ciudadanos para garantizar sus derechos, contribuir a que, facilitándoles los trámites, cumplan debidamente sus obligaciones y permitir el acceso democrático a todos los servicios públicos. Seguir leyendo «POLÍTICA, BUROCRACIA Y GESTIÓN CULTURAL»



