LA KARNE Y LA KLOROFILA DE VICENTE AMEZTOY

Tras su paso por el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el Museo de Bellas Artes de Bilbao inauguró hace unas semanas la exposición retrospectiva de Vicente Ameztoy. Sus comisarios, Miriam Alzuri y Javier Viar, con la imprescindible colaboración de su viuda Virginia Montenegro y, la hija de ambos, Virginia, presentan un exhaustivo recorrido que se inicia en sus pinturas de juventud, de principios de los años sesenta, y termina con las ocho piezas del santoral de la ermita de Remelluri que, a lo largo de sus últimos siete años de vida (falleció el año 2001), realizó por encargo de la familia Rodríguez Hernandorena, propietaria de la bodega del mismo nombre situada en Labastida (Rioja Alavesa). Se exponen también algunas de sus cajas, varios grabados y litografías, dibujos, carteles, portadas de discos, revistas (fundamentales sus colaboraciones a finales de los 70 en la mítica Euskadi Sioux y en la no menos imprescindible Zeruko Argia) y algunos materiales documentales de gran interés para conocer la vida intensa de este artista incomparable.

Cuando hace treinta años, en 1990, Ameztoy denominó Karne & Klorofila a su primera gran exposición, celebrada en Arteleku, también puso título a su propio manifiesto estético y político. Tenía claro que el contenido de su obra artística, más allá de la indudable vinculación con las cualidades formales de la naturaleza, estaba profundamente ligado a sus intensas experiencias urbanas. Seguir leyendo «LA KARNE Y LA KLOROFILA DE VICENTE AMEZTOY»

ÉTICA Y VERDAD

Los hechos siempre ocurren en contextos históricos determinados; por tanto, cualquier analogía que pudiéramos hacer con acontecimientos del presente debería tener en cuenta esa condición anacrónica, como la facultad para hablar a dos tiempos a la vez, una a cualquier tiempo pasado y otra tendiendo al presente, más allá de las condiciones culturales en las que se fabricó o produjo. Parafraseando a Walter Benjamin en su Tesis sobre la filosofía de la historia, para comprender el presente y atisbar el mundo por venir, es necesario mirar siempre hacia atrás. Hay que intentar redimir los testimonios de todos los derrotados injustamente por la historia – venía a decir- y, por tanto, regresar y adentrarse en sus sombras para interpretarla a contrapelo. También, Wendy Brown en su La política fuera de la historia nos recuerda que la historia no avanza de una manera progresiva, sino que más bien es un registro retrospectivo de conflictos que pueda dar como resultado la posibilidad de reactivar en sus intersticios nuevos dispositivos críticos, que ella denomina “emergencias”. En el mismo sentido se podría nombrar al historiador y teórico de la historia Reinhart Koselleck, cuando afirma que las relaciones entre historia y verdad tan solo se pueden abordar si se acepta la compleja relación entre presente, pasado y futuro, y si en esa relación espacio temporal vemos estallar diacrónicamente nuevos conflictos.

Sin duda El oficial y el espía, la última película de Roman Polanski, es un buen ejemplo de ese tipo de reconstrucción histórica. Su titulo original J’accuse (Yo acuso) hace referencia al famoso alegato escrito por Emile Zola y publicado en enero de 1898 por el diario L´Aurore en defensa del capitán francés Alfred Dreyfus (un joven oficial judío, acusado falsamente de traición en vísperas de la Primera Guerra Mundial por espiar para Alemania, condenado a cadena perpetua, pero exonerado unos años después).

A través de los dilemas que el coronel George Picquar padeció para desvelar los auténticos entresijos y manipulaciones del caso, la película nos presenta una consistente reflexión sobre nuestra dignidad como ciudadanos y la relación ética que establecemos con la verdad o la mentira; sobre nuestra disposición activa o pasiva respecto a las racionalidades e irracionalidades políticas que nos gobiernan (el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial y, en este caso concreto, también los medios de comunicación, conocidos popularmente como cuarto poder); sobre las herramientas críticas de las que podemos dotarnos para revelarnos contra el orden moral dominante que predetermina nuestro comportamiento –a veces debemos enfrentarnos a nuestros propios prejuicios-o contra las formas más injustas y despóticas del poder, cada día más difíciles de descubrir y denunciar. Seguir leyendo «ÉTICA Y VERDAD»

MATXIN LABAYEN: EL PINTOR DE MI PUEBLO

Cuando en 1863 el poeta y ensayista Charles Baudelaire, probablemente el primer gran crítico de arte de la modernidad, escribió El pintor de la vida moderna se produjo un giro radical en la visión artística tradicional, porque para este autor la modernidad debía referirse siempre a lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente y nunca a lo eterno y lo inmutable. Por tanto, ese pintor moderno debería abandonar la vida contemplativa, las ensoñaciones con la naturaleza o la nostalgia romántica por el pasado y, al contrario, estaría obligado a ser actor de la vida urbana, observar el presente, mirar al futuro e implicarse en las paradojas y convulsiones sociales.

A partir de esas reflexiones y otras tantas preocupaciones sobre el devenir de la ciudad de París –podían haber sido también Viena, Berlín, Bilbao o, en cierto modo Tolosa- Walter Benjamin escribió entre 1927 y 1940 un compendio de textos que fueron publicados en el Libro de los pasajes, muchos años después de su suicidio en Por Bou, cuando trataba de huir de los nazis. En aquellos “papeles” este filósofo, imprescindible para pensar las contradicciones de la vida contemporánea, relató tal vez uno de los mejores juicios sobre la deriva de las ciudades industriales capitalistas y las consecuencias sociales que su voracidad podría acarrear. Benjamin ya nos advirtió entonces, a través de la mirada del flaneur–el paseante que deambulaba ocioso por los pasajes parisinos- que el tren de la historia podría descarrilar si no poníamos freno a su velocidad y si no restablecíamos un acuerdo con lo mejor de nuestro pasado. Seguir leyendo «MATXIN LABAYEN: EL PINTOR DE MI PUEBLO»

ECOLOGÍA, HABLAR MENOS Y HACER MÁS

Si no fuera por la parafernalia propagandística y el estruendo mediático, la reciente cumbre del clima, convocada por la ONU en Madrid, hubiera pasado sin plena ni gloria. Los acuerdos adoptados fueron mínimos y, a tenor de la negativa a cumplirlos de algunas grandes potencias como EE.UU, Rusia, India o Brasil, su aplicación práctica todavía será menor. Nada nuevo bajo el sol, nunca mejor dicho. Este fracaso se suma a una larga historia de inobservancias que, ante las presiones y los intereses particulares de las grandes corporaciones industriales y su amplia red de influencias, habla a gritos de la inoperancia de la política internacional y de su incapacidad para llegar a medidas eficaces que aborden las reformas estructurales del actual sistema energético y del tipo de economía que lo sustenta.

Si para algo sirvió la cumbre fue para demostrar que la política, entendida como ciencia que ayuda a afrontar y resolver en común la organización de nuestras sociedades, se encuentra cada vez más alejada de su misión colectiva y casi siempre supeditada a los poderes económicos. Suele ser lamentable comprobar el cinismo, la hipocresía, la mentira, la desfachatez de la retórica, la banalización de la verdad o la perversión del lenguaje en muchos de las que la ejercen cuando hablan de sostenibilidad. Como ejemplo, sin ir más lejos, aquellos mismos días los alcaldes de Vigo, Málaga y Madrid, entre chistes y bromas pesadas, discutían sobre cuál de esas ciudades había invertido más en iluminación navideña. La dichosa guerra del alumbrado navideño disparó el gasto eléctrico a una cota sin precedentes.

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REVISAR LA(s) HISTORIA (s), SIEMPRE

El Museo Zumalakarregi es un museo de esos que no están en los centros de los mapas culturales, ni de la rutas turísticas convencionales pero que, gracias a la iniciativa de la Diputación Foral de Gipuzkoa, lleva treinta años siendo un lugar destacado para acercar al público general y especializado el siglo XIX en el País Vasco y, por extensión, también los grandes cambios sociales, culturales, económicos y políticos de España en el inicio del mundo contemporáneo. Además de preservar, investigar e incrementar los contenidos y colecciones, propone un viaje dinámico a lo largo de esta época clave para conocer y comprender la sociedad actual. Se encuentra en el corazón de Gipuzkoa, en La Casa Iriarte-Erdikoa de Ormaiztegi, un típico caserío vasco del siglo XVIII donde vivió la familia Zumalacárregui, cuyos miembros más destacados fueron Tomás, el general carlista, y  Miguel, el político liberal. Dos hermanos que representaron sendas actitudes contrapuestas de pensar la política y que, en cierto modo, se reproducen también en cualquier familia y comunidad.

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EL PODER Y LA CULTURA

Existe cierta unanimidad sobre la importancia social del arte y la cultura. Parece que todos, con matices, estamos de acuerdo en que sus manifestaciones son bienes que debemos preservar y fomentar, porque sus diferentes expresiones –la lengua, los usos y costumbres, la manera en la que concebimos nuestras relaciones personales (género, convenciones familiares) y sociales (símbolos, ritos comunitarios, sagrados o profanos, fiestas), las formas artísticas (la música, la literatura, el cine) o las del conocimiento (la filosofía, la ciencia, la historia) la manera de vestir (jeans, velo, minifalda, smoking) o de alimentarnos, conforman nuestras vidas y, aunque también sean ámbitos de confrontación y antagonismo, nos constituyen como seres humanos capaces de convivir en comunidad.

Para poder entender y combatir la actual deriva neoconservadora mundial y el resurgir de la extrema derecha en toda Europa, no debemos pasar por alto que la educación, el arte y la cultura son campos dialécticos de sentido, muchas veces contrapuestos, donde se dirimen formas muy dispares de existencia. Cuando proclamamos de manera bienintencionada sus valores abstractos, desde una visión idealista, olvidamos la peor cara de sus formas específicas más opresoras. Sin ir más lejos, las imágenes  de la performance Un violador en tu camino que el colectivo feminista «Lastesis»  inició en Chile y se ha extendido por todo el mundo, reflejan y critican con rotundidad que en el mundo se extiende una cultura patriarcal,  violenta y militarista. Las letras de la canción se dirigen, de forma explicita, a la s formas culturales que el estado despliega a través del machismo, la misoginia y la homofobia de muchas de sus instituciones. Es decir, formas radicalmente opuestas de pensar el mundo y actuar en la vida.

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