Es paradójico que en las grandes cumbres políticas, económicas o medioambientales promovidas por organismos o coaliciones internacionales, como en la recién celebrada del G7 en Biarritz, se hable mucho sobre la paz mundial, la igualdad o la economía “sostenible”, al mismo tiempo que sus líderes y aliados locales menosprecian o incluso criminalizan a los movimientos y activistas ecologistas. Estas reacciones son bastante contradictorias con la retórica que predican si tenemos en cuenta que, desde los años sesenta del siglo pasado, el ecologismo político ha sido la auténtica punta de lanza de la investigación medioambiental y pionero en la aplicación de cambios en los sistemas productivos y de consumo, absolutamente necesarios para frenar el cambio climático y sus consecuencias más devastadoras.

La mayoría de los partidos gubernamentales suelen ir a remolque de las presiones que vienen ejerciendo l*s ecologistas desde hace décadas: por supuesto los gobiernos más liberales y conservadores, que en algunos casos todavía siguen negando el cambio climático -por ahí andaba Bolsonaro vociferando contra el ecologismo indigenista mientras ardía la Amazonía (cuya flora aporta cerca del 20% del oxígeno a la atmósfera global) y diciendo que impedir su explotación frena el progreso del país- pero también muchos socialdemócratas, que mantienen un discurso reformista moderado, muy poco efectivo a la hora de modificar la estructura económica del sistema que rige la economía mundial y la superestructura ideológica que lo sustenta. Ambas van de la mano. Seguir leyendo «APRENDER DEL ECOLOGISMO»







