Hace unas semanas Paul B. Preciado escribió un bellísimo artículo en el diario ara.cat donde nos contaba que había vuelto temporalmente a Burgos, su ciudad natal, para cuidar de su madre: “La habitación de hospital –decía- se vuelve un teatro público en el que mi madre y yo luchamos, no siempre con éxito, por restablecer los roles. Para presentarme, mi madre dice: ‘Es Paul, mi hijo’. La respuesta es siempre la misma: ‘Yo pensaba que tenías solo una hija’. A lo que mi madre contesta, mientras mueve los ojos hacia arriba y hacia la derecha intentando imaginar una solución en medio de un callejón sin salida retórico: ‘Sí, tenía solo una hija y ahora tengo un hijo’”. El filósofo feminista, destacado por sus aportaciones a la teoría queer (término que se utiliza en la cultura anglosajona para denominar lo raro), concluye el texto diciendo: “No es nada fácil ser madre de un hijo trans en una ciudad profundamente conservadora donde tener un hijo maricón es peor que tener un hijo muerto”.
Salvando las distancias, a mediados del siglo XIX, en plenas guerras carlistas (Dios, Patria y Rey), algo parecido debió sentir Miguel Joaquín Eleizegi Arteaga, el mítico personaje guipuzcoano conocido como el Gigante de Altzo, sobre el que ahora tanto se habla gracias al éxito cosechado por la película Handia (grande en castellano) en los recientes premios Goya.

En algunos de sus escritos llegó a autocalificarse como “engendro o aborto de la naturaleza”. Su monstruosidad, una vez convertido en moneda de cambio por mor de la economía del mercado, le llevó a viajar por toda Europa para exhibir ese cuerpo deforme que, para mayor rareza, se expresaba en euskera, una lengua tan extraña como su peculiar y singular condición biológica. En la película, además del idioma propio del personaje, se escucha el español, inglés, francés y algunas frases en portugués y árabe en una acertada metáfora sobre las paradojas y contradicciones de la diversidad. La escena en la que la jovencísima reina de España Isabel II se mofa del gigantismo y de la forma de hablar de Miguel Joaquín nos ayuda a comprender las dificultades de vivir con una doble excentricidad, a la vez cultural y natural. Seguir leyendo «GIGANTES, MUJERES BARBUDAS Y GENTE RARA»


