“En la arquitectura religiosa el punto básico para su renovación son los problemas para la recreación del espacio religioso y para ello la primera regla sensata es la desocupación del espacio, limpiar de formas intermedias y parásitas simbólicas y ornamentales, el espacio interior. Abrir el camino directo entre el hombre y Dios, su propia intimidad de la conciencia”.
JORGE OTEIZA, 1958
Cuando aquella fría mañana de los últimos días del año 2017, Felipe de la productora Zemos 98 se puso en contacto conmigo para proponerme escribir el guion de la siguiente película de Juan Bravo, pensé que no eran muy conscientes de lo que estaban haciendo. No me cabía en la cabeza que, conociendo mi estilo de escritura tan poco imaginativa, pensaran en mí para realizar una película de ciencia ficción que debía desarrollarse en el 2028. Había cientos de escritoras y otros tantos expertos narradores con mucha más experiencia y, desde luego, con más capacidad inventiva. De todos era conocido que yo no era muy creativo. Toda mi vida me había dedicado a mediar con el talento artístico de las demás. Como solía decir mi buen amigo Ritxi, mi trabajo se parecía mucho al de las hackers o al de los costureros. No en vano la palabra texere, que quiere decir texto en latín, significa también coser.

De hecho, mi principal metodología de trabajo era la gramática del contacto, esa forma de reconocer todas las voces y conocimientos que habían atravesado mi vida, que me permitía citar, reescribir a partir de otros textos, remezclar para volver a hacer y rehacer. Hay un escritor de Tolosa, mi pueblo, llamado Karlos Linazasoro –al que conocí hace muchos años cuando era alumno de mis clases de Historia del Arte en la Ikastola Laskorain- notable poeta y novelista, que ha inventado un nuevo verbo para nombrar esa forma de escritura que no tiene vergüenza en aceptar esa condición dependiente de la voz y el texto ajeno: plagiacitar. Cuando lo leí, le comenté que, en cuanto pudiera lo utilizaría, eso sí, mencionado el código fuente. Al fin y al cabo, el mutuo reconocimiento también supone la compensación recíproca.
A pesar de mis dudas, decidí aceptar la invitación porque el reto me lo proponían mis buenos amigos sevillanos que además iban a conmemorar el vigésimo aniversario de aquel pionero festival celebrado por primera vez en El Viso del Alcor.
Si había algo que me atraía de aquel encargo era la idea subyacente, la noción misma del viaje a través del tiempo como a Sidney Orr, uno de los protagonistas principales de La noche del oráculo, la célebre novela de Paul Auster, que leía cuando me llamaron, donde el director de cine Bobby Hunter le encarga escribir un guión basado en La máquina del tiempo de H.G. Wells. Seguir leyendo «EL IM(POSIBLE) CENTRO MULTICONFESIONAL EN EL 2028»




