LA KARNE Y LA KLOROFILA DE VICENTE AMEZTOY

Tras su paso por el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el Museo de Bellas Artes de Bilbao inauguró hace unas semanas la exposición retrospectiva de Vicente Ameztoy. Sus comisarios, Miriam Alzuri y Javier Viar, con la imprescindible colaboración de su viuda Virginia Montenegro y, la hija de ambos, Virginia, presentan un exhaustivo recorrido que se inicia en sus pinturas de juventud, de principios de los años sesenta, y termina con las ocho piezas del santoral de la ermita de Remelluri que, a lo largo de sus últimos siete años de vida (falleció el año 2001), realizó por encargo de la familia Rodríguez Hernandorena, propietaria de la bodega del mismo nombre situada en Labastida (Rioja Alavesa). Se exponen también algunas de sus cajas, varios grabados y litografías, dibujos, carteles, portadas de discos, revistas (fundamentales sus colaboraciones a finales de los 70 en la mítica Euskadi Sioux y en la no menos imprescindible Zeruko Argia) y algunos materiales documentales de gran interés para conocer la vida intensa de este artista incomparable.

Cuando hace treinta años, en 1990, Ameztoy denominó Karne & Klorofila a su primera gran exposición, celebrada en Arteleku, también puso título a su propio manifiesto estético y político. Tenía claro que el contenido de su obra artística, más allá de la indudable vinculación con las cualidades formales de la naturaleza, estaba profundamente ligado a sus intensas experiencias urbanas. Seguir leyendo «LA KARNE Y LA KLOROFILA DE VICENTE AMEZTOY»

MATXIN LABAYEN: EL PINTOR DE MI PUEBLO

Cuando en 1863 el poeta y ensayista Charles Baudelaire, probablemente el primer gran crítico de arte de la modernidad, escribió El pintor de la vida moderna se produjo un giro radical en la visión artística tradicional, porque para este autor la modernidad debía referirse siempre a lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente y nunca a lo eterno y lo inmutable. Por tanto, ese pintor moderno debería abandonar la vida contemplativa, las ensoñaciones con la naturaleza o la nostalgia romántica por el pasado y, al contrario, estaría obligado a ser actor de la vida urbana, observar el presente, mirar al futuro e implicarse en las paradojas y convulsiones sociales.

A partir de esas reflexiones y otras tantas preocupaciones sobre el devenir de la ciudad de París –podían haber sido también Viena, Berlín, Bilbao o, en cierto modo Tolosa- Walter Benjamin escribió entre 1927 y 1940 un compendio de textos que fueron publicados en el Libro de los pasajes, muchos años después de su suicidio en Por Bou, cuando trataba de huir de los nazis. En aquellos “papeles” este filósofo, imprescindible para pensar las contradicciones de la vida contemporánea, relató tal vez uno de los mejores juicios sobre la deriva de las ciudades industriales capitalistas y las consecuencias sociales que su voracidad podría acarrear. Benjamin ya nos advirtió entonces, a través de la mirada del flaneur–el paseante que deambulaba ocioso por los pasajes parisinos- que el tren de la historia podría descarrilar si no poníamos freno a su velocidad y si no restablecíamos un acuerdo con lo mejor de nuestro pasado. Seguir leyendo «MATXIN LABAYEN: EL PINTOR DE MI PUEBLO»

EL PODER Y LA CULTURA

Existe cierta unanimidad sobre la importancia social del arte y la cultura. Parece que todos, con matices, estamos de acuerdo en que sus manifestaciones son bienes que debemos preservar y fomentar, porque sus diferentes expresiones –la lengua, los usos y costumbres, la manera en la que concebimos nuestras relaciones personales (género, convenciones familiares) y sociales (símbolos, ritos comunitarios, sagrados o profanos, fiestas), las formas artísticas (la música, la literatura, el cine) o las del conocimiento (la filosofía, la ciencia, la historia) la manera de vestir (jeans, velo, minifalda, smoking) o de alimentarnos, conforman nuestras vidas y, aunque también sean ámbitos de confrontación y antagonismo, nos constituyen como seres humanos capaces de convivir en comunidad.

Para poder entender y combatir la actual deriva neoconservadora mundial y el resurgir de la extrema derecha en toda Europa, no debemos pasar por alto que la educación, el arte y la cultura son campos dialécticos de sentido, muchas veces contrapuestos, donde se dirimen formas muy dispares de existencia. Cuando proclamamos de manera bienintencionada sus valores abstractos, desde una visión idealista, olvidamos la peor cara de sus formas específicas más opresoras. Sin ir más lejos, las imágenes  de la performance Un violador en tu camino que el colectivo feminista «Lastesis»  inició en Chile y se ha extendido por todo el mundo, reflejan y critican con rotundidad que en el mundo se extiende una cultura patriarcal,  violenta y militarista. Las letras de la canción se dirigen, de forma explicita, a la s formas culturales que el estado despliega a través del machismo, la misoginia y la homofobia de muchas de sus instituciones. Es decir, formas radicalmente opuestas de pensar el mundo y actuar en la vida.

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ERASE UNA VEZ EL CINE  

Hace unas semanas se ha celebrado una reunión de casi todos los cine clubs de Gipuzkoa. Estas entidades tienen una larga tradición relacionada estrechamente con la propia historia del cine pero también con los conflictos y controversias que atravesaron nuestra propia historia local. Los primeros se fundaron en los años veinte pero, tras la guerra civil, hay que esperar algunos años hasta que, de nuevo, su presencia empieza a normalizarse en el tejido cultural. En los años cincuenta reaparecen a la sombra de organizaciones religiosas y políticas franquistas como instrumentos ideológicos de control cultural y social, pero también como espacios donde, con la excusa de las discusiones cinematográficas, se podía «tomar la palabra». En cierto modo, mostraban las paradojas de un régimen que, aunque mantenía su estructura franquista, se vio también atravesado por corrientes sociales críticas, a veces conscientes y otras no tanto, que comenzaron a utilizar algunas instituciones  para ponerlas en crisis y confrontar la realidad cultural autárquica de aquellos años. La historia de los cine club  fue, en cierto modo, la del propio régimen.

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LA INGOBERNABLE: UN GESTO RADICAL

El edificio de la calle Gobernador 39 se encuentra estratégicamente situado en la denominada milla de oro del arte y la cultura de Madrid; al lado mismo de Caixa Forum y Media LabPrado, a un paso del Museo del Prado y del Museo Thyssen, y muy cerca también de la Plaza de Cibeles, donde se encuentra Centro Centro, otro de los emblemas culturales del Ayuntamiento de Madrid,  que además tiene allí su sede oficial.

Si esa aglomeración de instituciones culturales no fuera suficiente (se podrían sumar el Círculo de Bellas Artes, la Casa de América, el Museo Naval, el Centro Cultural Fernán Gómez y otras muchas), la penúltima corporación municipal, presidida por Ana Botella del Partido Popular, tenía previsto donar gratuitamente por 75 años el edificio de la calle Gobernador al arquitecto argentino Emilio Ambasz para que erigiera allí mismo un monumento a su carrera profesional.

Un numeroso grupo de activistas ocupó el edificio, al que denominaron La Ingobernable, Centro social de comunes urbanos, un año después de que la corriente municipalista de Ahora Madrid, heredera legítima de la potencia política del 15M, aupara a Manuela Carmena a la alcaldía de la ciudad. Aquel  gesto radical denunciaba la decisión personalista de la anterior alcaldesa y, sobre todo, evidenciaba el malestar social contra la turistificación y gentrificación del centro de la ciudad, en concreto, y en general contra las políticas urbanísticas de la corporación recién llegada, que parecían semejantes a las de gobiernos anteriores.

Hace unas semanas, tras el fracaso electoral de gran parte de las candidaturas municipalistas, Amador Fernández Savater publicó en su blog un excelente texto titulado No hay fracaso si hay balance: poder y potencia en el ciclo 15M-Podemos para intentar hacer otra aportación a las numerosas reflexiones sobre el ciclo político que va del 15M-Podemos hasta el municipalismo. El artículo comenzaba por asumir la decepción, pero como potencia, no como derrota. Citaba a Giorgio Agamben y lo que este filósofo llama la «potencia destituyente” para contrarrestar el «mecanismo diabólico» por el cual el poder constituyente queda atrapado una y otra vez en un nuevo poder constituido, tan parecido al antiguo. Esta “potencia destituyente” nos habla de una potencia política que no cristalice nunca en poder. Devenir y permanecer ingobernables –dice el autor de Medios sin fin. Notas sobre la política– dando razón a la existencia de este centro social autogestionado y, por extensión, de otros muchos que, desde su autonomía política, también tienen vocación de diálogo con las instituciones de gobierno. Seguir leyendo «LA INGOBERNABLE: UN GESTO RADICAL»

EL MUSEO ES HISTORIA, PERO TAMBIÉN FUTURO

Friedrich von Schiller, en Carta sobre la educación estética del hombre , desde una visión idealista y romántica, proclamó que el arte tiene la función de recordarnos la dignidad perdida, y que la educación estética sería la mejor manera de regenerarnos. Los museos son, por antonomasia, el lugar de depósito y trasmisión de los signos, huellas y materiales artísticos dejados por el pasado con los que, junto a textos y voces, se escribe la historia. Son el depósito patrimonial donde las obras de arte adquieren su máxima expresión estética, relevancia social y significación política, y donde las comunidades puede reconocerse. En este sentido, serían el mejor lugar para llevar a cabo los postulados del poeta y filósofo alemán.

Muchos años después, desde un materialismo dialéctico postmarxista, el filósofo francés Jacques Rancière, en Sobre políticas estéticas, añade que una “política del arte” consiste en reconfigurar la división de lo sensible, en introducir sujetos y objetos nuevos, en hacer visible aquello que no lo era y dar voz a los que, por su condición de excluidos, no la pueden exponer. La relación ente estética y política consiste asimismo en interrumpir las coordenadas normales de la experiencia sensorial. Por tanto, el museo también debería ser el mejor espacio para impulsar un arte crítico que contribuya a supropia  transformación y al cambio social.

Podríamos decir que el museo cuando escribe la historia también señala el futuro; tiene la responsabilidad de dialogar con sus contrasentidos históricos y paradojas contemporáneas, y atreverse a desvelar las contradicciones que generan y así, desde dentro y fuera de la institución, desplegar potencias estéticas y políticas que permitan seguir haciéndonos preguntas sobre el sentido de la historia y su devenir. El artista Asier Mendizabal lo explicaba muy bien cuando hace unas semanas presentó en el Museo San Telmo de Donostia-San Sebastián la obra Itzal marra. Línea de sombra de Ibon Aranberri, en el marco de “Museo bikoitza”, el nuevo programa de intervenciones artísticas contemporáneas que acaba de inaugurar. Este plan tratará de incorporar en sus líneas de actuación la mirada particular de la praxis artística contemporánea, con el objetivo de reinterpretar, descentrar, complejizar o analizar críticamente el relato propuesto por el museo. Como el mismo Mendizabal comentaba : “intervenir en esas extrañas vecindades, taxonomías sobrevenidas, determinaciones prosaicas y contingencias varias que contienen el potencial sustrato sobre el que hacer crecer diferentes formas de vernos”. Seguir leyendo «EL MUSEO ES HISTORIA, PERO TAMBIÉN FUTURO»