MIGUEL BENLLOCH: «DESIDENTIFÍCATE»

En las salas de Centro Centro Cibeles de Madrid, hasta principios de octubre, se presenta, mejorado y ampliado, el segundo capítulo de la antológica Miguel Benlloch. Cuerpo conjugado, que el año pasado, poco antes de su muerte, se presentó en la sala Atin Aya de Sevilla, la ciudad donde pasó gran parte de su vida. El centro cultural del ayuntamiento de Madrid, dirigido por Soledad Gutiérrez junto a un excelente grupo de profesionales, también ha aprovechado para editar Mirar de frente, recopilación de textos que Benlloch había publicado de forma dispersa, y para presentar el archivo del artista. Las dos exposiciones han sido curadas por sus amigos Mar Villaespesa y Joaquín Vázquez, que compartió vida desde su infancia en Loja y además fue socio, junto a Alicia Pinteño, de BNV producciones , la pequeña empresa cultural con vocación pública, que le permitió trabajar en el campo del arte y la cultura, y poder vivir sin tener que depender nunca de su actividad artística.

Los últimos años se ha escrito mucho sobre la cultura de la Transición y la contracultura generada en esa década y en las siguientes. Se han publicado varios estudios sobre las prácticas artísticas producidas fuera de la historiografía hegemónica pero, más allá de Miguel Benlloch. Acaeció en Granada (1) en muy pocos la figura de Miguel Benlloch ocupa el lugar relevante que se hubiera merecido.

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 DICCIONARIO PARA UNA ACADEMIA ACOGEDORA

El término academia hace referencia a unos jardines en los extramuros de la ciudad de Atenas que estaban dedicados a Akademo, legendario héroe de la mitología griega. Allí, en torno a Platón, se reunían físicos, matemáticos y filósofos, incluso filosofas, como Axiotea y Lasthenia que, contraviniendo la prohibición expresa del maestro, asistieron disfrazas de hombre. Ambas fueron coetáneas de Hiparquia, miembro de la escuela cínica que, por su particular sentido contestatario, se negó a aceptar dicha prohibición y, por tanto, nunca fue considerada miembro de la Academia.

Parafraseando a la profesora Marina Garcés, podríamos decir que también “fuera de clase” es posible la filosofía de guerrilla2y, constatar que, seguramente, tanto en el afuera como en el adentro institucional existen fisuras donde poder pensar y, sobre todo, actuar contra los dogmas y los poderes que se benefician de ellos. No basta con tener acceso al conocimiento, es importante que este contribuya a transformarnos, tanto a nosotros mismos como el mundo que habitamos, incluso aunque, tristemente, no siempre sea en beneficio del bien común. Seguir leyendo » DICCIONARIO PARA UNA ACADEMIA ACOGEDORA»

HUMANIDADES EN ACCIÓN CONVERSACIÓN CON MARINA GARCÉS

Hace unas semanas, en el centro cultural Koldo Mitxelena de Donostia/San Sebastián, mantuve una larga conversación (aquí está el video de la grabación) pública con la filósofa Marina Garcés. El diálogo tuvo lugar en el marco de un ciclo de conferencias cuyo principal objetivo, en palabras de su director Patxi Presa, era analizar el papel de las bibliotecas como espacios de encuentro, generación de conocimiento y como herramientas para hacer posible el pensamiento crítico y el fomento de las humanidades.

Muchos podríamos asumir ese enunciado porque, expuesto fuera de contextos específicos y despojado de cualquier crítica a sus contradicciones, podría servir para un roto y un descosido, aquí, en Europa, o en Haití. Sin embargo, en el prólogo de su reciente recopilación de textos Humanidades en acción (Edit. Rayo Verde) esta profesora de la UOC  (Universidad Oberta de Cataluya)  señala que, efectivamente, solemos afirmar que sin humanidades, claro está, no hay democracia, pero lo hacemos –dice- olvidándonos de la historia del siglo XX, cuando las sociedades aparentemente más cultas de la historia cometimos los crímenes más atroces y construimos las pesadillas políticas más terroríficas. Insistimos en que sin humanidades no hay tolerancia, pero olvidamos que el humanismo fue el núcleo ideológico de la colonización y de su proyecto imperial, racista y patriarcal. Sin humanidades no hay libertad, repetimos una y otra y vez, pero olvidamos que la cultura no ha sido sólo un recurso de la resistencia, sino que también es, de forma mucho más frecuente  de lo que pensamos, una herramienta de dominio y de construcción de marcos de dominación, tanto nacionales como de clase. Seguir leyendo «HUMANIDADES EN ACCIÓN CONVERSACIÓN CON MARINA GARCÉS»

EL ARTE, ENTRE LA MEMORIA Y LA HISTORIA.

El pasado diez de noviembre se celebró en el País Vasco el Día de la Memoria, en recuerdo de las víctimas del terrorismo. Unos días antes, en el último comunicado publicado en su boletín Zutabe, ETA reconocía que el 21 de junio de 1981 había asesinado en Tolosa a Iñaki Ibargutxi y los hermanos Pedro Conrado y Juan Manuel Martínez Castaños, tres vendedores de libros y material didáctico para aprender euskera (paradójicamente, uno de los valores sagrados por los que sus asesinos los mataron). La banda terrorista, que en aquellos años multiplicó de forma trágica su actividad, los había confundido con policías. Mintieron o, aprovechando nuestra perplejidad, trataron de imponernos la verdad de sus obsesiones ideológicas, como tantas otras veces.

Cuando leí la noticia me atravesó un profundo hálito de tristeza porque, siendo habitante de esa población y especialmente sensibilizado contra las barbaridades de la banda armada, no me acordaba de ellos. Mi memoria, que muy a nuestro pesar siempre es selectiva, me había traicionado. Reconozco que en mi recuerdo están sobre todo presentes las víctimas que me atravesaron de manera personal, el resto forman parte de una reunión de nombres, cuyo reconocimiento encomiendo a la historia, aunque esta, tristemente, casi siempre se escribe, en demasiadas ocasiones, con renglones torcidos. Los historiadores necesitarán décadas para dar cuenta también de todos los daños colaterales que, de forma multilateral, causó aquella cosa, como la suele denominar el escritor Iban Zaldua.

En su célebre La memoria, la historia, el olvido, Paul Ricoeur nos señala que la memoria (también se refiere a la reminiscencia), muchas veces -dice- ligada a lo visual o auditivo, siempre es parcial y personal, es decir, cargada de subjetividad, (incluso la colectiva) y la historia, que por definición tienda a la objetividad material y científica, también es incompleta porque nunca se acaba de cerrar del todo.

Aunque desde la ilustración la historia haya perseguido superar el carácter ejemplarizante que hasta entonces la caracterizaba –hasta que Hegel escribiera su Fenomenología del espíritu no podemos hablar propiamente de historia como ciencia social epistemólogica – no acaba de desprenderse del todo de esa función moralizadora y, en demasiadas ocasiones, impositiva. No hay más que ver como se trasmiten las correspondientes historias nacionales en las escuelas para comprobar su parcialidad y su interpretación sesgada. En la  recopilación  de textos que Homi K. Bhabha hizo en  Nación y narración, ya nos habló de las contradicciones constitutivas de lo nacional y, debido a que en la cultura siempre habita la diferencia, de las dificultades de establecer un solo canon narrativo. Seguir leyendo «EL ARTE, ENTRE LA MEMORIA Y LA HISTORIA.»

DERECHO A LA MEMORIA

Podría decirse que la Transición fue el período de cambio político que permitió dejar atrás el régimen franquista e inaugurar una nueva época democrática, más o menos desarrollada y legitimada en la actual Constitución. Han pasado más de cuarenta años desde entonces y todavía no hay un acuerdo social definitivo sobre la manera en la que se produjo aquel pacto entre las fuerzas herederas del régimen anterior y los partidos políticos de la oposición antifranquista. Aunque la participación en el referéndum de 1978 para la aprobación de la Constitución llegara al 67%, de los cuales casi un 12% fueron negativos, nulos o en blanco -en Euskadi las cifras de participación fueron menores y los votos en contra bastante más altos-, la mayoría fuimos más o menos cómplices de su aprobación. Como dice Marta Sanz me permito considerar mejorable la Transición, pero nunca me atrevería a impugnarla en su totalidad.

Más allá de la retórica triunfalista y la corrección analítica de ciertos historiadores y complacientes aduladores de aquel consenso, la Transición fue también, en cierto modo, una especie de caro peaje para que una parte significativa de la estructura política que sustentó el régimen franquista –por tanto, también sus desmanes, tropelías, abusos y actos antidemocráticos- saliera intacta de cualquier operación que implicase investigar, aclarar, denunciar y, en consecuencia, actuar jurídicamente contra los estamentos, instituciones, asociaciones y personas, especialmente implicadas, cómplices de aquel régimen autoritario.

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GRAMÁTICA DEL CONTACTO

Estos días se he escrito mucho sobre la “autenticidad” de la tesis doctoral del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; hace unos meses, coincidiendo con el lanzamiento del videoclip Malamente  de Rosalía, sobre la “originalidad” musical de esta joven cantante a la que, siendo ella “blanca” y “catalana”, se la acusaba de instrumentalizar la “identidad” gitana. Lo mismo podríamos decir de los debates que se han generado en torno al Niño de Elche  sus derivas polifónicas y su posición heterodoxa y excéntrica en relación al flamenco («confieso que he robado llegó a decir en una entrevista reciente»).  En este marco, también se ha hablado sobre la manera en que la industria discográfica se  suele adueñar de la cultura popular – regaetton, rap, trap etc- para neutralizar su potencia crítica. Podríamos hacer una larga lista de conflictos sobre adaptaciones, remakes, similitudes, más o menos encubiertas, incluso pastiches o plagios de la historia del cine.

En unos casos u otros, el caso es que siempre estaremos a vueltas sobre los conceptos “original” y “copia” y, a su lado, sobre la diferencia entre alta y baja cultura, elitismo o populismo, bellas artes o artesanía, formalismo o conceptualismo, canon o revisión, academicismo o experimentación, trabajo individual o colaborativo, derecho o consumo, debates tras los que aparecen numerosas experiencias artísticas en torno al aura, al valor del objeto, a los nuevos lenguajes, a la desaparición del autor, pasando por todos los grados de iconoclastia de las vanguardias artísticas, incluidos los readymadesde Duchamp – en especial su popular Fuente, el urinario invertido presentado en el Primer Salón de los Independientes en 1917, tal vez el ejemplo más popular de todas las paradojas artísticas mencionadas- por consiguiente, incluso otros debates en torno a la propia “veracidad” de la obra de arte. Ahí está, el magnífico ejemplo de F for Fake, la última película completa de Orson Welles, presentada en 1974, donde en un alarde malabar –así empieza la película- se nos cuenta la vida de Elmy de Hory, famoso falsificador, que sirve como telón de fondo para una original y, casi cínica, reflexión sobre la autoría, la originalidad y la autenticidad de la obra de arte; y mucho más allá, hasta la actualidad donde la tristemente célebre postverdad nos ha dejado huérfanos de certezas.En definitiva, todos ellos temas recurrente de la gestión cultural, tan viejos y problemáticos como la historia de la creación porque, por encima de binarismos simplificadores, unos y otros se interpelan y relacionan a través de numerosos entrecruzamientos y bastardías (reconozco que no son cuestiones  fáciles de resolver, pero me niego a aceptar que unas opciones se impongan a las otras). Jorge Luis Marzo señala en su reciente La competencia de lo falso. Una historia del fake, que lo mismo podría decirse de las formas en las que la economía del arte refleja también esas mismas paradojas irresolubles: desde el concepto medieval de autoría, fundamentalmente colectivo, abierto y muchas veces anónimo, pasando por los talleres artísticos del Renacimiento, donde la expresión maestroestaba también mediatizada por un sistema de trabajo colaborativo y artesanal, hasta la creación de un mercado cultural, de la mano del copyrigth,protegido por el  Estado burgués. A partir de este momento – en un ciclo largo temporal- la profesión de artista pasa a ser una actividad individual e intransferible que deja de formar parte de formas de creación colectiva (nunca he llegado a entender del todo esa interesada predisposición de la industria a poner en el centro al director de las películas o a vanagloriar a actrices y actores, intérpretes al fin y al cabo, olvidándose de guionistas, montadoras, músicos o responsables de fotografía; en ese sentido, hace unos días Vine Gilligan, productor de Expediente X y Breaking Bad, reivindicaba la creación audiovisual como un trabajo eminentemente colectivo, “hacer una serie es como construir un rascacielos, insistía, se necesitan muchas manos para hacerla”). Seguir leyendo «GRAMÁTICA DEL CONTACTO»