La globalización, última etapa del proceso de unificación del mundo bajo la economía acelerada del capitalismo, y la velocidad en la que se establecen las transacciones de ese mercado unificado han determinado nuestro modelo de vida.
Todos somos consumidores. El consumo es una necesidad vital. Sin embargo, el consumismo, como producto social construido con intereses que van más allá de las estricta condición biológica del ser, degrada esa necesidad básica del consumidor hasta transformarla en capital comercial. La consigna de que para salvar al país de la depresión hay que incentivar el consumo se ha convertido en un dogma incontestable de la economía. Todavía no está lejos cuando, después del derrumbe de las Torres Gemelas, el presidente G.W. Bush arengó a los ciudadanos con la célebre frase: “Vuelvan a salir de compras”. De este modo, la recuperación económica se vehicula mediante el poder terapéutico que lleva implícito el acto de consumir.
Cerca y lejos o rápido y lento son, como dice el poeta y ecologista Jorge Riechmann, dos de las cuestiones más candentes de nuestra época. El asunto de la cercanía y la lejanía de donde proceden los productos que necesitamos para nuestra vida cotidiana, o la velocidad a la que llegan a nuestros proveedores, marcan las pautas principales por las que se rige la economía mundial y, en consecuencia, la doméstica. Seguir leyendo «ECONOMÍA PARA LA VIDA EN COMÚN»



