Friedrich von Schiller, en Carta sobre la educación estética del hombre , desde una visión idealista y romántica, proclamó que el arte tiene la función de recordarnos la dignidad perdida, y que la educación estética sería la mejor manera de regenerarnos. Los museos son, por antonomasia, el lugar de depósito y trasmisión de los signos, huellas y materiales artísticos dejados por el pasado con los que, junto a textos y voces, se escribe la historia. Son el depósito patrimonial donde las obras de arte adquieren su máxima expresión estética, relevancia social y significación política, y donde las comunidades puede reconocerse. En este sentido, serían el mejor lugar para llevar a cabo los postulados del poeta y filósofo alemán.
Muchos años después, desde un materialismo dialéctico postmarxista, el filósofo francés Jacques Rancière, en Sobre políticas estéticas, añade que una “política del arte” consiste en reconfigurar la división de lo sensible, en introducir sujetos y objetos nuevos, en hacer visible aquello que no lo era y dar voz a los que, por su condición de excluidos, no la pueden exponer. La relación ente estética y política consiste asimismo en interrumpir las coordenadas normales de la experiencia sensorial. Por tanto, el museo también debería ser el mejor espacio para impulsar un arte crítico que contribuya a supropia transformación y al cambio social.

Podríamos decir que el museo cuando escribe la historia también señala el futuro; tiene la responsabilidad de dialogar con sus contrasentidos históricos y paradojas contemporáneas, y atreverse a desvelar las contradicciones que generan y así, desde dentro y fuera de la institución, desplegar potencias estéticas y políticas que permitan seguir haciéndonos preguntas sobre el sentido de la historia y su devenir. El artista Asier Mendizabal lo explicaba muy bien cuando hace unas semanas presentó en el Museo San Telmo de Donostia-San Sebastián la obra Itzal marra. Línea de sombra de Ibon Aranberri, en el marco de “Museo bikoitza”, el nuevo programa de intervenciones artísticas contemporáneas que acaba de inaugurar. Este plan tratará de incorporar en sus líneas de actuación la mirada particular de la praxis artística contemporánea, con el objetivo de reinterpretar, descentrar, complejizar o analizar críticamente el relato propuesto por el museo. Como el mismo Mendizabal comentaba : “intervenir en esas extrañas vecindades, taxonomías sobrevenidas, determinaciones prosaicas y contingencias varias que contienen el potencial sustrato sobre el que hacer crecer diferentes formas de vernos”. Seguir leyendo «EL MUSEO ES HISTORIA, PERO TAMBIÉN FUTURO»




